PAÍSES, CIUDADES y SITIOS
Un viaje por el Ampurdán (Gerona)
Su nombre procede de Ampurias, la antigua Emporion griega, “los mercados”, un lugar de intercambio comercial y cultural que acabaría dando identidad a toda una tierra marcada por el mar, la historia y la personalidad de sus habitantes.
Aunque administrativamente quedó dividido en 1936 entre Alto Ampurdán y Bajo Ampurdán, el verdadero Ampurdán sigue siendo para muchos una sola comarca histórica y sentimental. Los ampurdaneses continúan sintiéndose parte de un territorio común que va más allá de fronteras administrativas y criterios económicos. Porque el Ampurdán tiene algo difícil de explicar: una identidad propia, poderosa y profundamente arraigada.
Figueras, ciudad natal de Salvador Dalí, se convirtió en la capital del Alto Ampurdán, mientras que La Bisbal del Ampurdán asumió el protagonismo del Bajo Ampurdán gracias a su importante tradición cerámica y corchotaponera. Dos núcleos diferentes, pero unidos por una misma cultura mediterránea donde el mar, el campo y el viento forman parte inseparable del carácter de sus gentes.
La historia del Ampurdán se pierde en tiempos remotos. Mucho antes de los griegos y los romanos, ya existían asentamientos humanos en estas tierras. Las cuevas del macizo del Montgrí sirvieron de refugio al hombre prehistórico, y todavía hoy pueden encontrarse importantes restos megalíticos en Las Gavarras y Cadiretes, con dólmenes que parecen vigilar el paso de los siglos.
Los griegos llegaron primero a Rhode —la actual Rosas— y más tarde a Ampurias, atraídos por la posición estratégica de esta costa abierta al Mediterráneo. Después vendrían los íberos y, finalmente, los romanos, que colonizaron el territorio dejando una profunda influencia cultural y económica. Más tarde, las invasiones bárbaras empobrecieron la comarca, y el paso de visigodos y árabes apenas dejó vestigios importantes, ya que pronto el territorio quedó integrado en la órbita del Reino Franco y los condados carolingios.
Existen documentos que acreditan la presencia, el control administrativo y la soberanía del Imperio carolingio en esta región del Ampurdán. Uno de los documentos políticos y jurídicos más importantes de la Marca Hispánica es un acta judicial datada el 2 de abril de 812, redactada en la misma corte imperial de Aquisgrán bajo el reinado de Carlo Magno: Un grupo de terratenientes locales y refugiados hispanogodos (denominados en las crónicas como hispani) viajaron hasta la capital del imperio para presentar una queja formal ante Carlomagno contra los condes francos que gobernaban la frontera. Denunciaban que los condes les imponían tributos abusivos y les usurpaban tierras que el propio imperio les había garantizado tras la conquista. En el texto de la resolución judicial de ese litigio (presidido por el conde palatino del emperador) aparecen citados por su nombre y cargo los gobernadores de la frontera, figurando explícitamente Ermenguer (Ermengario), primer conde de Ampurias, junto a los condes de Barcelona (Bera) y Girona (Odilón). Este documento es la prueba jurídica de que el Ampurdán ya funcionaba hacia el año 812 como un condado totalmente desgajado y articulado bajo la firma de Carlomagno.
En el ampurdán se conservan referencias directas y copias fidedignas de estos diplomas, como el Precepto de Luis el Piadoso (Ludovico Pío), hijo y sucesor de Carlomagno emitió varios diplomas destinados a las sedes eclesiásticas del Ampurdán confirmando sus fronteras y otorgándoles la condición de “inmunidad”, lo que significaba que el conde local no podía entrar en sus tierras a recaudar impuestos sin permiso del rey. Otro documento importante son los diplomas del Monasterio de Sant Pere de Rodes, situado en pleno corazón del Alto ampurdán, con textos que proclaman un precepto del rey carolingio Luis IV de Francia datado el 7 de julio de 944. Otro documento recoge el pasaje militar en el área del Ampurdán, en el año 813, siguiendo las directrices defensivas del Imperio, armó una flota en el litoral ampurdán (seguramente en los antiguos puertos de la bahía de Rosas o de San Martín de Ampurias, con la que navegó hacia las islas Baleares para interceptar y derrotar a una flotilla de piratas sarracenos, capturando ocho naves y liberando a centenares de prisioneros cristianos. Otra prueba arqueológica documentada en papel o pergamino y aporta material: las monedas. Con la incorporación del norte de Cataluña al Imperio carolingio, las antiguas ciudades de Barcelona, Girona y Ampurias (Empúries) se convirtieron en las primeras de toda la península ibérica en acuñar monedas cristianas en la Edad Media tras la caída del reino visigodo. Se conservan piezas muy escasas de estos dineros de plata acuñados a finales del siglo VIII e inicios del IX que llevan inscrito el nombre de la ceca local y el famoso monograma real de Carlomagno (KRLS), el mismo diseño que el emperador utilizaba para sellar sus documentos oficiales. Algunas de estas piezas se custodian actualmente en instituciones como el Museo Arqueológico Nacional (MAN).
La costa forma parte de la legendaria Costa Brava. Aquí alternan acantilados abruptos, pequeñas calas escondidas y largas playas de arena fina. Desde las aguas transparentes frente a Cadaqués y el cabo de Creus hasta las extensas playas de la bahía de Rosas o las dunas de San Pedro Pescador, el Ampurdán ofrece algunos de los paisajes más bellos y variados de Cataluña. Más al sur, las playas de Pals y las calas de Bagur devuelven al visitante esa mezcla tan característica de roca, pinos y Mediterráneo.
Hasta Gabriel García Márquez quedó fascinado por este viento misterioso y lo mencionó en sus “Doce cuentos peregrinos”. Porque la tramontana no es solo meteorología. Es un estado de ánimo, una fuerza de la naturaleza que forma parte de la memoria colectiva del Ampurdán.
Hablar del Ampurdán es hablar de historia, de mar, de pueblos blancos, de olivares y de piedras antiguas. Pero también es hablar de una forma especial de entender la vida. Una tierra donde el paisaje parece dialogar constantemente con el arte y donde el viento continúa recordando, siglo tras siglo, que hay lugares capaces de dejar una huella permanente en quienes los conocen.
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