El gran circo del Poder Judicial: Un espectáculo de renovación sin sorpresas
El gran circo del poder judicial: Un espectáculo de renovación sin sorpresas
Pepe Rojas Molina
"Jubilado, analista de la realidad"
21/08/2024
Es difícil no contener una carcajada al escuchar las loas de optimismo que PSOE y PP cantan tras el reciente acuerdo para renovar el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Después de cinco años de bloqueo, estos titanes del bipartidismo se felicitan entre sí como si hubieran realizado un acto de sacrificio heroico, cuando en realidad, lo que han hecho es perpetuar el juego político que lleva décadas asfixiando a la justicia española.
La noticia de la renovación es recibida con una euforia casi cómica por quienes la protagonizan. PSOE y PP se han mostrado “satisfechos” por alcanzar un consenso, una hazaña que solo les ha llevado cinco años. ¿Qué han estado haciendo durante este lustro? ¿Intercambiando cromos o simplemente disfrutando del espectáculo de un poder judicial paralizado? A estas alturas, parece que la indecisión y la parálisis institucional se han convertido en un deporte nacional.
Lo verdaderamente irónico es que los socios de investidura, esos que siempre han sido vistos como los "malos de la película", ahora critican el acuerdo, tildándolo de un regreso a la "gran coalición". Pero, ¿es que alguna vez dejamos esa película? La pluralidad del Congreso, dicen ellos, ha sido ignorada. Pero en el circo bipartidista en el que se ha convertido el CGPJ, la pluralidad es un concepto tan exótico como la independencia judicial.
La Comisión Europea, desde su cómodo asiento en Bruselas, ha celebrado la noticia como si fuera la resolución de una crisis global. Destacan que "mejora la situación del CGPJ", lo cual suena casi insultante. ¿Qué clase de mejora es un acuerdo que simplemente mantiene el statu quo de un poder judicial politizado hasta la médula? Este aplauso europeo es el eco lejano de una realidad que ni siquiera rozan.
Las nuevas reglas, presentadas como una panacea para la politización del CGPJ, no son más que un lavado de cara. Se habla de "despolitización", pero la realidad es que los jueces seguirán siendo elegidos por los partidos, con la única diferencia de que ahora necesitarán una mayoría reforzada. ¿Realmente alguien cree que una mayoría de tres quintos en lugar de una simple cambia algo en este circo de influencias? Es el mismo juego, con las mismas fichas, pero con un ligero cambio en las reglas para que todo parezca diferente.
El aumento de plazas judiciales es otra promesa que suena bien en los titulares, pero, en la práctica, es solo una forma de diluir la atención sobre la verdadera cuestión: la injerencia política en la justicia. Por supuesto, los nuevos miembros del CGPJ serán profesionales competentes, pero su elección seguirá estando en manos de un Congreso y un Senado donde los intereses partidistas son la norma. La independencia judicial, como siempre, seguirá siendo una quimera.
Finalmente, el proceso de elección del presidente del CGPJ, presentado con tanto esmero, es la guinda del pastel, otra lucha entre progresismo o conservadurismo. Todo el procedimiento está diseñado para parecer transparente y democrático, cuando en realidad es un juego de poder donde solo ganan los de siempre. Si no hay acuerdo, se pospone, y mientras tanto, el CGPJ sigue funcionando a medio gas. Eso sí, con limitaciones, porque, sin un presidente, hasta los procesos más urgentes se ven comprometidos.
Lo más triste es que este espectáculo continuará. Las reformas vienen y van, los titulares cambian, pero la esencia permanece inalterada. El CGPJ seguirá siendo ese escenario donde PSOE y PP actúan su eterna representación de poder, dejando a los ciudadanos con la sensación de que, en realidad, nada cambia. Mientras tanto, la justicia, esa dama ciega y maltratada, sigue esperando que algún día la liberen de sus captores políticos. Pero, como suele decirse en estos casos, la esperanza es lo último que se pierde. O, tal vez, ya se perdió hace tiempo.
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