El pacto federalista de Lanzarote



El pacto federalista de Lanzarote




El pacto federalista de Lanzarote: ¿Un paso hacia la desintegración de España?

Por Pepe Rojas Molina -"Jubilado, analista de la realidad"
 20/08/2024

Tres hombres en una isla, tres políticos que parecen urdir un futuro para España que pocos han pedido y muchos temen. Salvador Illa, José Luis Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez, los cerebros del PSOE, se reúnen este verano en Lanzarote, obviando otros compromisos importantes como Illa y su ausencia del homenaje por los atentados del 17A de Barcelona; Zapatero deja de lado a su amigo el dictador Maduro cuando más necesita de su apoyo; y Sánchez, con su silencio sobre el crimen del menor de Mocejón (Toledo). Pues bien, el objetivo es aparentemente claro: allanar el camino hacia un Estado federal. Pero, ¿es este proyecto un verdadero intento de modernizar el país, o es simplemente un paso hacia la desintegración de España como nación unida?
Illa: El hombre del federalismo moderado

Salvador Illa, con su estilo discreto y su fama de negociador incansable, es la cara visible de este giro federalista. Se presenta como el político sensato que, armado de paciencia y moderación, busca un modelo federal que otorgue más autonomía a las comunidades autónomas sin romper la unidad nacional. Pero la cuestión es, ¿de verdad Illa cree en este proyecto como una solución para los problemas de España, o es simplemente un eslabón más en la cadena de concesiones del PSOE a los nacionalismos periféricos?

Illa nos vende la idea de un federalismo amable, casi inocente, que promete resolver décadas de tensiones territoriales. Sin embargo, uno no puede evitar sospechar que detrás de su retórica moderada se esconde un cálculo político frío. Conceder más competencias a las comunidades autónomas podría ser una manera de apaciguar a los nacionalistas, pero ¿a qué costo? ¿Es este federalismo el preludio de una España aún más fragmentada, donde la cohesión social se desintegra en una maraña de intereses regionales contrapuestos?
Zapatero: El arquitecto del estado multinivel

El expresidente José Luis Rodríguez Zapatero, siempre dispuesto a defender causas perdidas, es otro de los artífices de esta ofensiva federalista. Zapatero, cuyo legado ya está marcado por una gestión económica desastrosa y un apoyo incondicional a regímenes autoritarios, ahora pretende redimirse como el arquitecto del Estado multinivel. Bajo su mandato, España ya experimentó una expansión sin precedentes del poder autonómico, y el resultado fue un país más dividido que nunca.

Zapatero nos promete que el federalismo traerá más democracia, más participación y más cohesión. Sin embargo, su historial sugiere lo contrario. La reforma del Estatuto de Cataluña, que impulsó durante su mandato, no trajo más armonía, sino un desafío directo a la unidad de España que culminó en el referéndum ilegal de 2017. ¿Qué nos asegura que esta nueva apuesta federalista no acabará del mismo modo? Zapatero juega con fuego al avivar las llamas del nacionalismo periférico, confiando en que un Estado federal pueda contener lo que la autonomía no pudo. Pero, ¿qué pasa si esas llamas terminan consumiendo el proyecto de una España unida?
Sánchez: El camaleón federalista

Y luego está Pedro Sánchez, el presidente que ha hecho del oportunismo su modus operandi. Sánchez, que ha demostrado ser un maestro en el arte de adaptarse a cualquier circunstancia, ahora se ha subido al tren del federalismo, no por convicción, sino porque es lo que conviene en este momento. Para Sánchez, el federalismo no es más que otra carta en su baraja política, una herramienta para mantener su poder a cualquier costo.

Sánchez se nos presenta como un líder visionario que busca modernizar España, pero su visión de un Estado federal es tan maleable como su discurso político. Un día defiende la unidad de España con fervor; al siguiente, ofrece concesiones a los nacionalistas para garantizar su apoyo en el Congreso. Su apuesta por el federalismo no es una muestra de liderazgo, sino de supervivencia política. Sánchez está dispuesto a jugar con el futuro de España para mantenerse en el poder, incluso si eso significa diluir la esencia de la nación en un mar de autonomías con derechos casi soberanos.
Un futuro federalista, ¿o una España desintegrada?

¿Qué están realmente tramando en Lanzarote? La intención de convertir a España en un Estado federal podría parecer, a primera vista, un intento de modernizar la estructura del país para hacerlo más equitativo y eficiente. Pero el riesgo es alto: un federalismo mal concebido y peor ejecutado podría fragmentar a España hasta un punto de no retorno.

La reunión de estos tres hombres en Lanzarote no es solo una escapada veraniega, es una coreografía política cuidadosamente diseñada para sentar las bases de un cambio constitucional de gran envergadura. Pero, ¿qué pasa si ese cambio conduce a una España irreconocible, un país donde las comunidades autónomas se convierten en pequeños reinos de taifas, cada uno con sus propias leyes, su propio gobierno y, quién sabe, tal vez incluso su propio ejército?

El futuro de España, al parecer, se decide en estos encuentros estivales, mientras el resto del país sigue sin comprender del todo qué está en juego. ¿Federalismo o desintegración? Esa es la verdadera pregunta. Y la respuesta, como siempre en política, dependerá de los intereses de quienes están en el poder, no de los deseos de la mayoría de los ciudadanos.

Este verano en Lanzarote, España podría estar tomando un camino sin retorno. El tiempo dirá si el pacto federalista es el inicio de una nueva era de prosperidad y cohesión, o el preludio de una España irreconocible, fragmentada y cada vez más difícil de gobernar.

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