Cuento del Alzheimer(1): La cruel tejedora de olvidos

Pepe Rojas molina

´Jubilado, analista de la realidad´

22 de septiembre de 2024

“En un rincón oscuro del tiempo, donde los recuerdos duermen, vivía una tejedora silenciosa y cruel llamada Alzheimer. Nadie la invitaba a entrar, pero ella siempre encontraba la manera de colarse en las mentes de las personas, especialmente aquellas cuyas sienes ya mostraban los hilos plateados de los años. No llegaba con estruendo ni con furia; era más bien una presencia sigilosa, como el viento que borra las huellas en la arena. Al principio, sus hilos eran finos, casi imperceptibles, pero con el tiempo su red se hacía cada vez más apretada, hasta atrapar por completo a sus víctimas.

"¿Dónde dejé las llaves?", preguntaba una abuela, sin saber que ese pequeño olvido era el primer nudo en la trama que la tejedora había empezado a construir. Al principio, eran sólo detalles los que se esfumaban: un nombre olvidado, una palabra que se deslizaba fuera del alcance, como si se escondiera detrás de una nube. Pero la tejedora, incansable, seguía su labor, moviendo sus dedos invisibles y enredando los pensamientos con una rapidez cada vez mayor.

Y entonces llegaba el momento en que uno se daba cuenta de que algo más grande estaba ocurriendo. "¿Qué fue lo que comí hoy?", se preguntaba aquel hombre de mirada perdida, como si el día entero se hubiera desvanecido en el aire. "¿A dónde iba? ¿Qué día es hoy?", se repetían, mientras la tejedora seguía entrelazando sus hilos de olvido.

Alzheimer no solo robaba recuerdos. También trastornaba el ánimo. Sus víctimas comenzaban a desconfiar de sus propios ojos y oídos, sospechando que el mundo a su alrededor se volvía hostil. Donde antes había paz, ahora solo quedaba confusión, ansiedad y a veces, una tristeza tan profunda que ni siquiera las palabras podían describir.

Y así, la enfermedad avanzaba, cubriendo los días y las noches con su velo espeso. Las caras de los seres queridos, aquellas que alguna vez fueron las más queridas, comenzaban a parecer desconocidas. Alzheimer no solo borraba los recuerdos, también borraba las conexiones. Lo que antes fue una historia de amor, de familia, de amistad, se desmoronaba en pedazos.

Pero, al igual que en todos los cuentos, existían los sabios y los guardianes. Los doctores, con libros en mano, hablaban de las placas de beta-amiloide y los ovillos de tau, aquellas proteínas que se acumulaban entre las neuronas, rompiendo las conexiones entre ellas. Ellos explicaban que, dentro del cerebro, la tejedora Alzheimer trabajaba con estas proteínas, apretando su red hasta que las células se quedaban sin vida. Sin embargo, a pesar de su conocimiento, los sabios no tenían aún el poder para deshacer la maraña.

Los ancianos en los pueblos se susurraban entre ellos que la edad era su mayor enemigo. "A partir de los 65 años, ella viene a visitarnos", decían con tristeza. Otros recordaban que la tejedora había visitado antes a sus padres, a sus hermanos. Y había quienes sabían que las estrellas mismas, en forma de genes como el APOE-e4, marcaban a algunos desde el nacimiento, haciéndolos más vulnerables a su llegada.”

Pero no quiero que esta historia termina en desesperanza. Como en todos los cuentos, siempre hay una chispa de luz en la oscuridad. Se decía que, aunque la tejedora fuera poderosa, no todo estaba perdido. Había maneras de protegerse, de resistir su obra. "¡Trabajad vuestra mente, nunca dejéis de aprender!", gritaban los sabios. "Mantened el cerebro activo, leed libros, jugad, hablad con vuestros amigos. Cuanto más fuerte sea vuestro castillo mental, más difícil será para Alzheimer entrar".

El secreto está en la reserva cognitiva, una especie de escudo invisible que uno puede fortalecer a lo largo de la vida. No hay fórmulas mágicas, pero pequeños cambios pueden hacer una gran diferencia. Se dice que una dieta mediterránea, rica en frutas, verduras y aceite de oliva, puede ayudar a mantener el cuerpo y la mente en equilibrio. El ejercicio físico, aquel que hace latir el corazón y mover las piernas, también sirve de barrera contra la tejedora.

"Cambia tus rutinas", aconsejaban los sabios. "Aprende cosas nuevas, toca un instrumento, usa la tecnología. ¡Reta a tu cerebro cada día!". Porque, aunque Alzheimer pudiera tejer sus hilos de olvido, siempre existía la posibilidad de hacerle frente, de encontrar nuevas formas de recordar y de vivir.

La tejedora cruel aún ronda buscando mentes donde tejer sus redes. Pero mientras haya quienes luchen por mantener vivo el fuego de la memoria, ella nunca podrá ganar del todo. En cada acto de aprendizaje, en cada nueva amistad, en cada conversación que mantienes, refuerzas tu resistencia contra ella.

Así termina esta historia, no con un final cerrado, sino con una llamada a la acción. Alzheimer puede parecer invencible, pero siempre habrá esperanza para aquellos que se atreven a luchar contra la oscuridad de sus hilos, manteniendo encendida la luz de sus recuerdos, de sus vidas, de su esencia.
----------------------------------------------------------------------------
(PD) Los días 21 de septiembre de cada año, se hace un recuerdo a la enfermedad del Alzheimer. Con todo el cariño, tanto a quien padece la enfermedad como también a las personas que sufren en silencio su cuidado, va dedicado este cuento.

 Estoy convencido de que algún día la ciencia encontrará el antídoto para vencer esta enfermedad tan cruel a la que todos estamos expuestos, "cuando nuestras sienes comiencen a mostrar los hilos plateados de los años".

Comentarios

Entradas populares de este blog

PRIEGO DE CÓRDOBA, UN RECORRIDO POR SU HISTORIA Y SU ALMA