El reino del dedazo: Cómo Pedro Sánchez ha tomado las riendas de las Instituciones en España





Pepe Rojas Molina

´Jubilado, analista de la realidad´

07/09/2024

España: La democracia a la carta de Pedro Sánchez

Seamos claros: lo que está ocurriendo en España con las instituciones no es democracia de calidad, es una puesta en escena con actores de reparto a dedo y guiones escritos desde Moncloa. El gobierno de Pedro Sánchez ha hecho del dedazo un arte. La separación de poderes en España es tan creíble como un anuncio de teletienda, y cada vez se parece más a una democracia tutelada por el ejecutivo.

Veamos algunos de los casos más flagrantes. El Tribunal Constitucional debería ser el guardián de nuestras leyes y de los derechos fundamentales, pero cuando colocas a Cándido Conde-Pumpido al mando, antiguo fiscal general del Estado y una figura abiertamente afín al PSOE, la imparcialidad queda en entredicho. ¿Y qué decir del Consejo General del Poder Judicial? El reciente nombramiento de Isabel Perelló como presidenta deja claro que la independencia judicial es una ilusión conveniente. Hoy ha jurado su cargo ante el rey y el Consejo con muy buenas intenciones, veremos a ver hasta qué punto esos buenos propósitos no tropiezan con los intereses políticos de turno.

Luego tenemos el caso de la Fiscalía General del Estado, donde el amigo Álvaro García Ortiz ha heredado el cargo de Dolores Delgado, mano derecha del gobierno. ¿Y no se suponía que la Fiscalía debía defender al ciudadano frente al poder político? Ah, perdón, ese es otro de esos cuentos que nos vendieron.

El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) ha pasado de ser un medidor de la opinión pública a ser una herramienta de marketing político, cortesía de José Félix Tezanos, un sociólogo más preocupado por afinar las encuestas a favor del PSOE que por mantener la credibilidad de la institución. Pero, ¿a quién le importa la credibilidad cuando se tiene el poder?

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), otra institución que debería velar por la transparencia, tiene a Rodrigo Buenaventura al mando, un técnico que, curiosamente, también ha salido de la fábrica de nombramientos de Sánchez. Y si hablamos de energía, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) la lidera Cani Fernández, exasesora de Moncloa. Vaya, qué coincidencia.

El desmantelamiento de la independencia institucional no se detiene ahí. Correos, la empresa pública que todos conocemos, está dirigida por Juan Manuel Serrano, el exjefe de gabinete de Sánchez. Es decir, alguien de confianza para asegurarse de que hasta las cartas lleguen en la dirección correcta. Y Beatriz Corredor, antigua ministra socialista, encabeza Red Eléctrica, mientras que Maurici Lucena, también del PSOE, pilota AENA. Al parecer, los amigos del gobierno tienen mucho vuelo.

En la Agencia EFE, la principal agencia de noticias de España, encontramos a Gabriela Cañas, otra periodista alineada con el socialismo. No sorprende entonces que EFE se haya convertido en un eco favorable para el gobierno. En RTVE, Elena Sánchez Caballero, que tampoco oculta su afinidad con el PSOE, se encarga de que la narrativa mediática también siga el guion oficial. Lo más curioso es que incluso en las empresas estratégicas del sector privado se nota la mano del ejecutivo: Marc Murtra, en Indra, y Joseph Oughourlian, al frente del Grupo PRISA, aseguran que los intereses mediáticos estén bien alineados.

El Centro Nacional de Inteligencia (CNI), cuyo liderazgo recae en Esperanza Casteleiro, otra persona de confianza del círculo cercano de Sánchez, nos deja una pregunta incómoda: ¿Cómo puede ser confiable un servicio de inteligencia dirigido por alguien que parece estar más preocupada por la estabilidad del gobierno que por la seguridad nacional?

Incluso el Instituto Nacional de Estadística (INE), que debería ser el faro de los datos en el país, ha sufrido la destitución de su anterior presidente en favor de Elena Manzanera, quien parece estar más dispuesta a moldear las cifras según las conveniencias políticas.

Así que aquí estamos, en una España donde las instituciones públicas han sido ocupadas y manipuladas sin escrúpulos. Pedro Sánchez ha logrado lo que parecía imposible: hacer que la independencia de las instituciones sea tan creíble como una promesa electoral. Nos dicen que somos una democracia avanzada, pero en realidad, somos una democracia a la carta, donde el menú es diseñado por el poder ejecutivo. Cada institución clave, desde los tribunales hasta los medios de comunicación, está ocupada por fieles seguidores del gobierno, y la separación de poderes es poco más que una fachada que se tambalea.

Este no es el país que nos prometieron. La España que debería liderar con honradez y pulcritud ha quedado sepultada bajo una montaña de nombramientos estratégicos. Si alguna vez aspiramos a ser una democracia ejemplar, ahora mismo nos encontramos a años luz de ese ideal. Aquí, los intereses de unos pocos han secuestrado las instituciones que deberían proteger a todos.

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