"ALCORCÓN: CÓMO INVENTAR SERVICIOS PRESCINDIBLES Y HACERLOS PASAR POR IMPRESCINDIBLES"


Pepe Rojas Molina

´Liberado, analista de la realidad´

2 de octubre de 2024

En la política local de Alcorcón, algunos partidos han perfeccionado el arte de crear necesidades inexistentes. No hablamos solo de malas decisiones o errores de gestión, sino de una táctica deliberada para inflar artificialmente los servicios municipales con un claro objetivo: consolidar apoyo político y justificar el derroche de dinero público. ¿Ejemplo? ESMASA, la empresa pública de recogida de basuras de Alcorcón.

Fundada en 2010 para gestionar un servicio que antes manejaba el Ayuntamiento, Esmasa comenzó con unos 200 empleados. Sin embargo, en 2024, la plantilla ya supera los 625 trabajadores, pese a que la población de Alcorcón solo ha crecido un mísero 2% en ese tiempo (de 168,000 a 171,000 habitantes), el personal de la empresa pública ha aumentado sin embargo un 300%, lo que no se sostiene ni por asomo si analizamos las necesidades reales del servicio. 

Aquí no hay incremento proporcional de trabajo, hay enchufismo, exceso de empleados para tareas que bien podrían cubrirse con menos personas. Pero claro, cuando lo que te interesa es maquillar cifras y presumir de aumentar la nómina municipal, siempre es más fácil enviar a tres trabajadores donde basta con uno. ¡Qué bonito y qué magníficos somos!

Es más, la empresa pública Esmasa, que se suponía iba a ser un alivio para los servicios de limpieza del municipio, ha pasado de costarle a los vecinos de Alcorcón 19 millones de euros en 2019 a más de 34 millones desde 2023. Y ahora, como si no fuera suficiente, lo que van a recaudar con el atraco de la nueva tasa de basuras. Una escalada de costos que no se refleja en un mejor servicio, sino en más carga para el bolsillo de los vecinos de Alcorcón.

Para entender cómo se crea esta necesidad ficticia, primero hay que saber cómo piensan los vecinos. Los partidos no solo estudian a los ciudadanos para conocer sus problemas, también para explotar sus debilidades. Encuestas sesgadas, análisis de datos subjetivos y estudios de mercado falseados, se utilizan para trazar estrategias que influyen en la percepción pública. A veces, esos "problemas" que dicen resolver son invenciones que ellos mismos han creado.

El truco está en moldear la narrativa. Presentan servicios que ya funcionan, como el de recogida de basuras, o inventan nuevos servicios (que muchos se quitan al sector privado), y luego lo adornan con más personal, más recursos y, por supuesto, más gasto público. El mensaje es claro: “Estamos aquí para solucionar vuestros problemas”. Aunque, curiosamente, esos problemas no existían hasta que los partidos decidieron que era conveniente hacerlos aparecer.

Una vez creada esta necesidad ficticia, el siguiente paso es venderla como indispensable. Aquí es donde entra en juego el uso de técnicas de persuasión. El PSOE, gobernando con otros partidos amigos y hasta del Partido Popular como cómplice silencioso, juegan a generar una sensación de urgencia: “Si no lo hacemos ahora, perderemos una oportunidad única”. Más servicios, más gasto, más deuda... pero, eso sí, todo presentado como una mejora imprescindible para el municipio.

La prueba social también es clave. Utilizan a figuras influyentes para vender el paquete. Y, por supuesto, detrás de estas "mejoras" está la promesa de empleo. Más puestos de trabajo para los vecinos, aunque no se hable del coste que supone para las arcas municipales y del agujero económico que está cavando el Ayuntamiento, por no hablar del último informe emitido por  la AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) advirtiendo de la delicada situación económica del Ayuntamiento de Alcorcón. 
El mensaje que dan estos partidos es que las cosas van mejor, pero a largo plazo solo empeoran.

El gran objetivo de toda esta operación es, por supuesto, fomentar el clientelismo.  Y qué mejor cliente que un vecino engañado. No es casualidad que muchos de estos nuevos puestos creados terminen en manos de simpatizantes o amigos del partido. Estamos hablando de una estrategia cuidadosamente diseñada para consolidar el poder y la lealtad de los votantes. Crear una falsa necesidad es solo el primer paso; lo que realmente buscan es asegurarse de que quienes ocupan esos nuevos empleos estén dispuestos a devolver el favor en las urnas.

En definitiva, esta forma de gestionar los servicios públicos es una bomba de relojería para el futuro de las finanzas municipales. Se engordan los presupuestos, se justifica la creación de más servicios innecesarios, y se consolida el clientelismo, todo a costa del ciudadano y de su dinero.

Pues no ha tardado el Ayuntamiento en aprobar una nueva tasa sobre un servicio que ya pagamos a través del IBI. Ahora, se impone un segundo cargo para cobrar por esas "necesidades inventadas y/o engordadas" que se han convertido en la especialidad de los responsables municipales. La ordenanza justifica la nueva tasa argumentando que es esencial para sostener financieramente los nuevos servicios públicos, esos que parecen creados más para justificar gastos que para atender demandas reales.

Y  la tasa no es precisamente simbólica:  oscila entre los 130 euros y los 489 euros, dependiendo de si se trata de una vivienda colectiva o unifamiliar. El impacto en los vecinos será significativo, porque en muchos casos se traducirá en un IBI 2 camuflado, cobrado por servicios que ya se sufragan con el impuesto original. Por si fuera poco, el IBI también subirá, con un coeficiente que pasará del 0,464 al 0,487, lo que supone otro golpe al bolsillo del ciudadano.

Este nuevo "tasazo" no es más que el enésimo parche para tapar un desbarajuste administrativo que, sinceramente, no tiene ni pies ni cabeza. Es un ajuste fiscal encubierto, una trampa que no nos deja otra salida más que resignarnos y, como dice el refrán, "ajo y agua". Y aquí está el verdadero problema: no es solo que nos suban los impuestos; es que ese monstruoso aparato de servicios públicos, que pagamos todos, crece sin control, mientras las mejoras reales (que no son ni mucho menos reales) brillan por su ausencia. Porque, a ver, ¿qué hemos ganado los vecinos? Antes, un trabajador bastaba para hacer un servicio o una tarea. Ahora, se mandan a dos o tres  trabajadores para hacer lo mismo, eso sí, con un despliegue de más inmuebles alquilados, con el grandísimo coste que ello supone, y un ejército de vehículos de Esmasa que asusta al más creído.

Este aumento descomunal lo sufrimos únicamente los de siempre: los vecinos que, con cada mes que pasa, hacemos malabares para poder llegar a fin de mes. Y lo más indignante es que quienes imponen estas cargas se llaman a sí mismos "progresistas". Progresistas, dicen. Pero la verdad es que ese "progreso" sólo lo aplauden los que viven de él y sus "estómagos agradecidos", los que se llenan la boca de ideología mientras cargan nuestras espaldas con más impuestos. 
A eso lo llaman socialismo, pero lo único que vemos es un "progresismo de despachos" que se olvida de la gente real. Mientras ellos inflan sus números de servicios y buenos empleos, lo único que se desinfla es nuestra capacidad para respirar tranquilos y poder llegar a fin de mes.

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