El TSJ de Aragón absuelve a un acusado de agresión sexual ante las “relevantes” dudas de los hechos ocurridos

Pepe rojas Molina

´Liberado, crítico de la realidad´

28 de octubre de 2024

El Tribunal Superior de Justicia de Aragón ha puesto fin a uno de esos episodios que nos dejan con una sensación amarga en la boca. 

Un hombre, condenado por la Audiencia de Zaragoza a siete años de prisión por un delito de agresión sexual, ha sido absuelto. 
Sí, lo han leído bien: absuelto. Y no porque se haya producido un milagro judicial, sino porque, como tantas veces en estos casos, las pruebas no daban ni para un titular claro, mucho menos para una condena de esa magnitud.

Vamos al grano. Los magistrados han encontrado "dudas significativas" sobre si los hechos ocurrieron como se habían contado.
 Lo que, traducido al lenguaje de la calle, significa que todo lo que se había pintado como una agresión sexual con violencia e intimidación, se desmoronó al carecer de pruebas sólidas que lo respaldaran.
 La acusadora, durante el juicio, se mostró dubitativa, titubeante, como si le costara recordar detalles clave, como el número de tocamientos, el momento exacto, y hasta dónde ocurrió la supuesta agresión en un camión. Silencios, contradicciones y una declaración que daba más giros que una peonza, todo ello terminó por destrozar el caso.

Y claro, el tribunal no tuvo otra que hacer lo que toca en un sistema justo: absolver. Anular la condena y con ello, devolver a este hombre la libertad, borrando de un plumazo siete años de su vida que parecían haber sido escritos con una pluma demasiado ligera. Un vuelco que deja a uno con esa sensación de que algo no encaja. 
Y aquí está lo grave: cuando el castillo de la acusación se desmorona y uno se queda pensando cuántas veces hemos visto ya este tipo de episodios.
Es cierto, no es la primera vez que una acusación de agresión sexual termina desinflándose porque las pruebas no soportan el peso del caso. No hubo testigos que corroboraran las supuestas amenazas del acusado hacia la familia de la denunciante, no hubo pruebas médicas que confirmaran los golpes que ella afirmó haber recibido. Nada. Solo palabras, y en un juicio penal, con la libertad de una persona en juego, hace falta mucho más que eso.
Al final, esta sentencia del TSJA nos deja con un mensaje claro: 
en un estado de derecho, las pruebas deben ser contundentes, las acusaciones claras y las declaraciones consistentes. 
Si no, ¿qué nos queda? Un escenario donde cualquiera puede señalar, pero pocos se detienen a pensar en el daño irreparable que una falsa acusación puede hacer. Y aquí estamos, otra vez, frente a un caso que debería hacernos reflexionar sobre lo fácil que es destruir una vida con palabras vacías, y lo difícil que es reparar ese daño una vez que la justicia ha caído en el error.


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