REAL MURCIA-AD ALCORCÓN: CRÓNICA DE UNA DERROTA ANUNCIADA
#MurciaAlcorcón
Pepe Rojas Molina
´Liberado, analista de la realidad´
6 de octubre de 2024
El Real Murcia devuelve a la AD Alcorcón a la cruda realidad. Un partido el de hoy, en el que, a pesar de la “cabezonería” de los de Pablo Álvarez por intentar manejar el balón, el fútbol es mucho más que estéticas posesiones y toques intrascendentes. El Real Murcia, pragmático y letal, sacó rédito de los errores de un Alcorcón que no termina de aprender la lección: en esta categoría, los despistes se pagan caro, y más cuando enfrente tienes a un viejo zorro como Pedro León.La AD Alcorcón sigue insistiendo en su apuesta por el juego vistoso, pero ese idealismo ya ha demostrado ser su mayor debilidad. Juegan bien, controlan el balón, y dominan la posesión, pero no hay nada más previsible que un equipo que basa todo su plan en tener el esférico. Los rivales ya les han tomado la medida. De qué sirve manejar el juego si, al primer contragolpe, tu defensa se convierte en una autopista para los delanteros rivales. Eso es lo que ha ocurrido hoy, y lo que viene ocurriendo desde hace semanas: el equipo madrileño quiere tocar el cielo, pero termina estrellándose una y otra vez.
El Alcorcón ha entrado en una peligrosa dinámica de juego previsible. Su estilo de toque y posesión es hermoso en teoría, pero es ineficaz si no va acompañado de verticalidad y, sobre todo, de contundencia defensiva. En la primera federación del fútbol español, los equipos que sobreviven no son aquellos que únicamente tienen la posesión, sino los que saben cuándo atacar y cuándo retroceder para resguardarse. El problema del Alcorcón es que parece que no han entendido que la clave no es solo llegar al área contraria con rapidez y hacerlo sin desproteger la propia.
La derrota ante el Real Murcia ha sido una muestra más de esa fragilidad. Tocar desde atrás está muy bien cuando se tiene a jugadores que manejan la presión con la solvencia de equipos top, pero cuando el equipo contrario detecta tus errores, te despedaza en cuestión de minutos. Eso es lo que le ocurre al Alcorcón: un gol, un segundo después de una pérdida tonta en el medio, y un tercero para rematar al equipo con una puntilla se diría psicológica. El equipo queda expuesto como si no hubiera aprendido nada en toda la temporada.
Este equipo necesita urgentemente un cambio táctico. No se trata de renunciar a la posesión, pero hay que saber combinarla con pragmatismo. El control del balón debe ser un arma para atacar, no una excusa para dormir el partido. El Alcorcón tiene que aprender a ser más incisivo, a leer mejor las transiciones ofensivas y a ser más directos cuando las ocasiones lo permiten. Se pueden contar las ocasiones claras de gol que han tenido hoy con los dedos de una mano, y en una categoría tan competitiva como esta, ese déficit ofensivo te condena.
Pablo Álvarez debe replantear seriamente la estructura defensiva del equipo. En lugar de volcar a todo el plantel hacia adelante, hay que equilibrar el juego. En fútbol, lo de “atacar bien es la mejor defensa” puede sonar bonito, pero no tiene sentido cuando el contragolpe del rival te aniquila en tres toques. ¿Dónde está el orden en la zaga? La defensa queda desprotegida cada vez que el Alcorcón avanza, dejando huecos enormes que cualquier equipo medianamente competente explota sin piedad.
El peligro de seguir por esta senda no es solo deportivo, sino clasificatorio. Un equipo que no consigue puntos se hunde en la tabla, y el Alcorcón está coqueteando peligrosamente con los puestos de descenso. Las victorias no solo dan confianza, también mantienen a los equipos fuera de peligro. No importa cuántos elogios reciban por su estilo de juego si al final se quedan sin sumar. Y a estas alturas, lo que importa no es el aplauso, sino los puntos.
Si no hay un cambio inmediato en la forma de encarar los partidos, la AD Alcorcón se va a ver en una situación límite. Puede seguir jugando bonito y perdiendo, o puede reinventarse, volverse más pragmático y asegurar su permanencia. El fútbol es un deporte de resultados, y si el Alcorcón no lo entiende ahora, lo entenderá de la peor manera posible: hundido en el fondo de la clasificación, mirando hacia el abismo del descenso.
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