La DANA del 29 de octubre: cuando la incompetencia gubernamental convirtió la tragedia en un desastre evitable. Y ahora qué, ¿quién se responsabiliza de los errores cometidos?
Pepe Rojas Molina
´Liberado, crítico de la realidad´
martes, 19 de noviembre de 2024
Estimación de Daños de la DANA del 29 de octubre de 2024
Fallecidos: 227
Desaparecidos: 11
Municipios Afectados: 78
Carreteras Afectadas: 160 km
Vehículos Afectados: 120,000
Viviendas, comercios e industrias afectadas: Incalculables
La tragedia de la DANA que azotó el sureste español el 29 de octubre es otra muestra del desbarajuste y la falta de previsión de nuestras instituciones.
Estamos acostumbrados a ver la película repetida cada vez que el cielo amenaza con soltarnos un diluvio. Y siempre parece que nos pilla por sorpresa, como si no viviéramos en un país donde este tipo de fenómenos climáticos son cíclicos y devastadores. Es como si nadie hubiera aprendido la lección de lo que ocurrió hace unos años en Murcia, Alicante o en Andalucía.
Primero, vamos a empezar con los avisos.
Primero, vamos a empezar con los avisos.
¿De qué nos sirven las alertas meteorológicas si luego no se toman medidas adecuadas?La AEMET llevaba tiempo avisando del riesgo de episodios extremos en esas fechas, pero la reacción de los gobiernos locales y regionales fue muy tibia. Los ayuntamientos, especialmente los de las zonas de Valencia fueron los que enseguida prestaron más atención pero ya no hubo remedio ante lo que venía.
¿Es que el riesgo de vidas humanas y el destrozo de infraestructuras no les parece motivo suficiente para activar protocolos de emergencia antes de que el agua les llegue al cuello?Segundo, la gestión urbanística. No se puede seguir mirando hacia otro lado cuando los expertos llevan décadas advirtiendo sobre la construcción descontrolada en zonas inundables. La falta de una ordenación territorial clara, la permisividad con
las construcciones en cauces y ramblas secas son una bomba de relojería.
¿Quién tiene la culpa aquí? En parte, los ayuntamientos que han permitido esta especulación, pero también el Gobierno central, que no ha puesto pie firme ni exigido responsabilidades en casos flagrantes de negligencia.
Luego está la falta de inversión en infraestructuras preventivas.
Luego está la falta de inversión en infraestructuras preventivas.
¿Cuántas veces se ha hablado de la necesidad de reforzar canales, diques o redes de drenaje?
Muchas promesas y planes sobre el papel, pero cuando llega el desastre, nos encontramos con infraestructuras obsoletas y sistemas de evacuación que no dan abasto. Las confederaciones hidrográficas y las comunidades autónomas, responsables de mantener esos sistemas, siguen cruzadas de brazos, como si el agua supiera de fronteras administrativas.
Por último,
Por último,
la respuesta de emergencia. Tarde y mal.
No se pueden poner excusas de falta de recursos cuando las vidas están en juego. Las instituciones tardaron demasiado en activar los dispositivos de evacuación y socorro. Y ahí, tanto el gobierno central como los autonómicos deben hacer autocrítica. ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI todavía dependamos de la improvisación cuando se trata de salvar vidas? Los protocolos de emergencia deben estar claros y ensayados, no improvisados con cada DANA que nos azota.
La conclusión es que esta tragedia no es culpa de la naturaleza.
La conclusión es que esta tragedia no es culpa de la naturaleza.
Las instituciones, desde los ayuntamientos, gobiernos autonómicos y gobierno central tienen mucha responsabilidad.
No es la primera vez que ocurre, y mientras sigamos sin tomar en serio las advertencias y sigamos permitiendo la irresponsabilidad urbanística, la dejadez en las infraestructuras, y la inadvertencia de los avisos, esta no será la última.
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