EL GOBIERNO QUE TE ESPÍA EN NOMBRE DE TU SEGURIDAD. TU LIBERTAD YA NO ES GRATIS
Pepe Rojas Molina
´Cyrano de la realidad´
te piden más datos personales que cuando sacas un crédito hipotecario.
Ya no es suficiente con mostrar tu DNI o reservar una habitación, no. Ahora el gobierno, en su infinita sabiduría, decidió que tú, ciudadano de a pie, tienes que dar hasta el último detalle de tu vida cada vez que sales a disfrutar de un rato de ocio con tu familia, tu pareja o tus amigos. Porque claro, en nombre de la "seguridad" o de cualquier excusa burocrática que se les ocurra, el gobierno te convierte en un número más, un expediente digital, una ficha que viaja por bases de datos que no sabes quién maneja ni para qué y quién las puede manipular.
¿Qué pasó con la libertad individual?
Bueno, parece que eso ya quedó en el pasado con este gobierno de España supuestamente solidario y libre. Hoy, tu privacidad es solo una moneda de cambio. Porque no solo quieren saber tu nombre y apellido, sino también tu dirección, tu teléfono, tu correo electrónico, tu tarjeta bancaria y hasta tu número clave, y quién sabe cuántos datos más que hasta hace poco considerabas personales y privados. ¿Para qué? ¿Por qué? Nadie te lo explica de manera clara, pero lo que sí te dejan en claro es que, si no los das, olvídate de entrar al local o al hotel. La elección es sencilla: o te desnudas ante el sistema o te quedás afuera.
Pero no te confundas. No se trata solo de subir impuestos, que los suben hasta el más allá, o aumentar las leyes que cada vez te cierran más el círculo en torno a tus libertades, sino de algo mucho más preocupante.
Pero no te confundas. No se trata solo de subir impuestos, que los suben hasta el más allá, o aumentar las leyes que cada vez te cierran más el círculo en torno a tus libertades, sino de algo mucho más preocupante.
Con cada dato que entregas, con cada formulario que llenas, cedes una parte de tu vida,
una pieza de ese mosaico que te define como individuo. Y el gobierno, o mejor dicho, quienes lo manejan, no tienen ningún problema en hacer que eso sea cada vez más común, como si fuera lo más normal del mundo que tu privacidad sea su nuevo juguete.
¿Quieres ir a un hotel? Muy bien, pero dame tus datos.
¿Quieres hacer un viaje o alquilar un coche? Perfecto, pero necesito saber con quién vienes, dónde vives, y hasta si te vacunaste o no. Lo que te queda claro es que ya no se trata de una simple transacción comercial, sino de un intercambio forzado: te doy el servicio, pero antes me tienes que dar tu vida en papel.
Y si pensabas que esto era el colmo, dejame decirte que no es más que la punta del iceberg.
Y si pensabas que esto era el colmo, dejame decirte que no es más que la punta del iceberg.
Porque con la excusa de "protegerte" de cualquier peligro imaginario, el gobierno te tiene bien vigilado.
¿Qué pasó con la promesa de que las nuevas tecnologías mejorarían nuestras vidas? Porque lo único que estamos viendo es que ahora saben más de nosotros que lo que nosotros mismos sabemos. El "Gran Hermano" de Orwell era una advertencia, no un manual de instrucciones, pero parece que nuestros gobernantes lo leyeron mal.
Suben los impuestos, dicen, porque "es necesario" para que el país funcione. Impulsan nuevas leyes, argumentan, porque "es por tu bien". Y te piden más y más datos, porque "hay que garantizar la seguridad". Pero
Suben los impuestos, dicen, porque "es necesario" para que el país funcione. Impulsan nuevas leyes, argumentan, porque "es por tu bien". Y te piden más y más datos, porque "hay que garantizar la seguridad". Pero
la verdad es otra: lo que están garantizando es que pierdas la libertad de moverte sin ser observado,
de hacer tus cosas sin que alguien esté tomando nota de todo. Lo peor es que, poco a poco, nos acostumbramos. Al principio, nos molestamos, nos quejamos, pero con el tiempo... nos rendimos. Al final, no es que nos quiten las libertades, es que las entregamos sin hacer demasiado ruido.
Lo más perverso de todo esto es que te hacen creer que todo es "normal", que es parte de la vida moderna. Y tú, con tal de no tener problemas, firmás, llenás formularios y sigues adelante, pensando que "no es para tanto". Pero lo es.
Lo más perverso de todo esto es que te hacen creer que todo es "normal", que es parte de la vida moderna. Y tú, con tal de no tener problemas, firmás, llenás formularios y sigues adelante, pensando que "no es para tanto". Pero lo es.
Cada vez que te piden 40 datos personales sólo para entrar a un hotel, están metiéndose en tu vida más de lo que imaginas.
Y la pregunta que deberíamos hacernos es: ¿hasta cuándo vamos a tolerarlo?
El problema no es solo que te pidan datos personales por cualquier cosa, sino que, una vez que los tienen, no sabes qué van a hacer con ellos. ¿Quién los controla? ¿Quién los protege? La respuesta es un misterio, cuando el guardián se ha vuelto nuestro propio carcelero. Y mientras tanto, tú sigues dando cada vez más, sin que nadie te garantice que mañana no van a usar esa información en tu contra. El juego es perverso: te controlan en nombre de tu bienestar, te observan mientras te dicen que es por tu seguridad, y te quitan libertad vendiéndote la idea de que es lo mejor para ti.
Así que la próxima vez que te pidan más datos de los necesarios, piensa dos veces antes de entregarlos. Porque, al final del día, cada dato que das es un pedazo de tu libertad que se va. Y cuando te des cuenta de cuánto diste, quizás sea demasiado tarde para recuperarla.
El problema no es solo que te pidan datos personales por cualquier cosa, sino que, una vez que los tienen, no sabes qué van a hacer con ellos. ¿Quién los controla? ¿Quién los protege? La respuesta es un misterio, cuando el guardián se ha vuelto nuestro propio carcelero. Y mientras tanto, tú sigues dando cada vez más, sin que nadie te garantice que mañana no van a usar esa información en tu contra. El juego es perverso: te controlan en nombre de tu bienestar, te observan mientras te dicen que es por tu seguridad, y te quitan libertad vendiéndote la idea de que es lo mejor para ti.
Así que la próxima vez que te pidan más datos de los necesarios, piensa dos veces antes de entregarlos. Porque, al final del día, cada dato que das es un pedazo de tu libertad que se va. Y cuando te des cuenta de cuánto diste, quizás sea demasiado tarde para recuperarla.
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