Derrota amarga para el Alcorcón: la afición pide más coraje
Es en Santo Domingo, en su feudo, donde el Alcorcón debería imponerse con autoridad. Sin embargo, es ahí donde más partidos pierde, y sólo fuera de casa logran arañar algunos puntos que maquillan una situación cada vez más alarmante. Los hinchas no perdonan la falta de mordiente, de esa chispa competitiva que enciende al público y sacude al rival. Ven un equipo apático, que carece del arrojo necesario para levantarse cuando la derrota asoma y no tiene esa hambre de gol que se necesita para salir del pozo.
El partido contra el Atlético B parecía destinado a ser otra crónica de una muerte anunciada. Los colchoneros, bien entonados, manejaron el partido como quien tiene el mapa del tesoro y va tachando las casillas una a una, sin perder el paso ni temer al tropiezo. Niño abría el marcador con un penalti de manual, y aunque Vladys igualaba el choque brevemente, la respuesta rojiblanca no se hizo esperar. Diego Bri, con la asistencia medida de Rayane, sentenciaba a un Alcorcón que, por mucho que lo intente, no consigue despegar.
Aún con el empate en la mano, la afición visitante veía cómo el fantasma de la derrota volvía a aparecer en el horizonte, esta vez a lomos de un Diego Bri inspirado. Y aunque tuvieron su oportunidad en el último minuto, la historia fue la misma: falta de puntería, falta de fe y, sobre todo, la falta de un plan claro que, más allá de los destellos individuales, parezca capaz de sacar al equipo del barro.
El Alcorcón sale de Majadahonda con un nuevo varapalo y con una afición cada vez más impaciente. Lo peor de todo es que la esperanza se apaga lentamente. No por la derrota, que en el fondo se esperaba, sino por esa sensación de equipo roto que, en lugar de recomponerse, parece desmoronarse con cada partido que pasa. Enhorabuena al equipo colchonero que con el triunfo de hoy les vuelve a enganchar a la lucha por los puestos de playoff.
@pepe@rojas99
´Cyrano de la realidad´
domingo, 26 de enero de 2025
El Alcorcón, que llegó al Cerro del Espino con la necesidad de rascar algo más que la honrosa derrota, se va de Majadahonda con las manos vacías. La afición alfarera, ya crispada, sigue sin ver luz al final de un túnel que se alarga partido tras partido. Están hartos de promesas incumplidas y de una directiva que les vendió una ilusión de cambio que no se refleja en el campo. Esta temporada debía ser un punto y aparte, con un equipo joven, nuevo, lleno de técnica en sus pies, pero sin cuajo ni experiencia para manejar la presión. Pablo Álvarez, el entrenador, también joven y prometedor, no termina de encontrar el engranaje que haga rodar esta maquinaria llena de talento pero carente de coraje y fe.Es en Santo Domingo, en su feudo, donde el Alcorcón debería imponerse con autoridad. Sin embargo, es ahí donde más partidos pierde, y sólo fuera de casa logran arañar algunos puntos que maquillan una situación cada vez más alarmante. Los hinchas no perdonan la falta de mordiente, de esa chispa competitiva que enciende al público y sacude al rival. Ven un equipo apático, que carece del arrojo necesario para levantarse cuando la derrota asoma y no tiene esa hambre de gol que se necesita para salir del pozo.
El partido contra el Atlético B parecía destinado a ser otra crónica de una muerte anunciada. Los colchoneros, bien entonados, manejaron el partido como quien tiene el mapa del tesoro y va tachando las casillas una a una, sin perder el paso ni temer al tropiezo. Niño abría el marcador con un penalti de manual, y aunque Vladys igualaba el choque brevemente, la respuesta rojiblanca no se hizo esperar. Diego Bri, con la asistencia medida de Rayane, sentenciaba a un Alcorcón que, por mucho que lo intente, no consigue despegar.
Aún con el empate en la mano, la afición visitante veía cómo el fantasma de la derrota volvía a aparecer en el horizonte, esta vez a lomos de un Diego Bri inspirado. Y aunque tuvieron su oportunidad en el último minuto, la historia fue la misma: falta de puntería, falta de fe y, sobre todo, la falta de un plan claro que, más allá de los destellos individuales, parezca capaz de sacar al equipo del barro.
El Alcorcón sale de Majadahonda con un nuevo varapalo y con una afición cada vez más impaciente. Lo peor de todo es que la esperanza se apaga lentamente. No por la derrota, que en el fondo se esperaba, sino por esa sensación de equipo roto que, en lugar de recomponerse, parece desmoronarse con cada partido que pasa. Enhorabuena al equipo colchonero que con el triunfo de hoy les vuelve a enganchar a la lucha por los puestos de playoff.
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