El instructor de la causa abierta al fiscal general del Estado en el Tribunal Supremo solicita a WhatsApp y Google los datos de sus cuentas personales

A petición de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil

@pepe_rojas99

´Cyrano de la realidad´

lunes, 20 de enero de 2025

Esta Sentencia va del caso del Fiscal General del Estado y los mensajes sobre el novio de Ayuso. Resulta que Miguel Ángel Rodríguez, el jefe de gabinete de Ayuso, un día se levantó y dijo: "¿Y si le mando al Tribunal Supremo unos mensajitos de WhatsApp?". Y allá que va, con el móvil en la mano, señalando al fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz, como si estuviera en una partida de Tute: "¡Ha sido él, con el WhatsApp, en el salón de la Fiscalía, hablando del novio de Ayuso!".

La historia, claro, empieza con una presunta revelación de secretos. Rodríguez acusa al fiscal de haber filtrado información confidencial sobre el novio de Ayuso, quien parece que estaba más cerca del fraude fiscal que de comprar flores el día de San Valentín. Y claro, el fiscal, según Rodríguez, intentó torpedear un acuerdo entre la Fiscalía y la defensa del susodicho. Lo normal, vamos, como si en los tribunales se hablara de partidos de pádel.

¿Y qué pruebas presenta Rodríguez? ¡Mensajes de WhatsApp! Claro, que en los tiempos que corren, un juicio no se puede hacer sin mensajitos. Antes había cartas, telegramas, ahora te condenan por un "Visto" o por no contestar en el grupo de la familia. Rodríguez entregó esos mensajes, que parecían más peligrosos que un spoiler de "Juego de Tronos". Ahí se hablaba del novio de Ayuso, del fraude fiscal... Vamos, que parecía que estaban discutiendo la última serie de Netflix.

El Tribunal Supremo, ni corto ni perezoso, abre una investigación. Aquí ya empieza el lío. El fiscal general, en cuanto le preguntan por los mensajes, dice: "Oiga, esos mensajes están fuera de contexto. Yo solo hablé de la receta de paella del fin de semana". ¡Claro! Y uno se pregunta si en el Supremo se dedican a descifrar emoticonos o a interpretar audios de tres minutos.

Pero el problema no es solo el WhatsApp. Aquí la cosa huele a política. Porque, según algunos, esto es una jugada de ajedrez: "¿No será que todo esto es para fastidiar al gobierno central? ¿O al de Madrid?". Yo, con esto, ya no sé si están investigando la corrupción o el campeonato de dominó del barrio.

Los expertos, que siempre tienen algo que decir, empiezan a dudar de la veracidad de los mensajes. ¿Y si los mensajes fueron manipulados? Que ahora, con un editor de texto, cambias un "Hola" por un "Te voy a destruir" y tienes juicio para rato.

La cosa es que el fiscal general niega todo y dice: "Oiga, yo no he hecho nada". Y mientras tanto, el Tribunal Supremo sigue buscando entre mensajes y emojis. Que si la carita sonriente, que si el pulgar arriba... ¡Más vale que no haya usado el de la caca, porque ahí sí que estaríamos perdidos!

Y así estamos, con las investigaciones abiertas, y sin saber si fue el fiscal, el WhatsApp, el novio de Ayuso o una partida de videojuego en la Fiscalía. Lo que está claro es que esto ha generado un debate tremendo sobre la independencia de la justicia. Porque claro, cuando los jueces ya tienen que descifrar mensajes de WhatsApp, ¡es que aquí ya no se puede vivir tranquilo ni en el grupo de la comunidad de vecinos!

Al final, este caso nos tiene a todos pendientes del móvil, no vaya a ser que nos llegue un mensaje del Tribunal Supremo. O peor... ¡de la suegra!

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