La sinfonía de la lluvia: cuando el cielo escribe su partitura
@pepe_rojas99
´Cyrano de la realidad´
miércoles, 12 de marzo de 2025
Estar jubilado tiene sus ventajas, y una de ellas es que da para hacer un montón de cosas. Como ya sabéis, me encanta escribir y crear textos, siempre con la ayuda de mi fiel redactor, donde voy plasmando todo lo que aprendo. Y creedme, tengo una sed insaciable de conocimientos, sobre todo de aquello que me apasiona.Últimamente, me ha llamado mucho la atención esta época de lluvias y mal tiempo que estamos viviendo. Llueve como si el cielo se hubiera propuesto vaciarse de golpe, los pantanos están a tope —¡quién lo diría hace unos meses!— y hasta han tenido que abrir las compuertas porque el agua se desborda. Claro, esto también tiene sus inconvenientes: no estamos ni acostumbrados ni preparados para recibir tanta agua en tan poco tiempo. Pero, como siempre, me he puesto a investigar por qué ocurre esta situación meteorológica, y resulta que tiene su explicación física. Así que, como no podía ser de otra manera, os lo voy a contar.
La lluvia no nos da tregua, y mientras algunos sufren sus consecuencias, otros celebran que la Naturaleza se empape, preparándose para una primavera que promete ser exuberante. Como dice el refrán, "nunca llueve a gusto de todos", pero lo cierto es que hacía mucho que no veíamos caer tanta agua durante tantos días seguidos. ¿Qué está pasando en la atmósfera para que se desate este temporal? Pues bien, parece ser que son la combinación de varios factores meteorológicos y el inevitable cambio climático que también tiene bastante que ver.
Todo empieza en el Atlántico Norte, entre los paralelos 40° y 60°, por la zona de Groenlandia, Canadá y el norte de Estados Unidos. Allí, a una altura de entre 9.000 y 12.000 metros, el Jet Stream o Corriente del Chorro —ese "río" de aire que circula a gran velocidad, entre 100 y 400 km/h— es el encargado de guiar las borrascas hacia las costas europeas. En esta zona, el aire frío que baja desde el Ártico choca con el aire cálido y húmedo del océano, ahora más calentito debido al cambio climático, creando áreas de baja presión que se transforman en borrascas. Cuando el Atlántico se activa, estas borrascas empiezan a moverse de oeste a este, impulsadas por los vientos del oeste y dirigidas por el Jet Stream, esa autopista atmosférica que decide hacia dónde van estos sistemas, en este caso, hacia nuestras costas.
Pero aquí no acaba la cosa. El Atlántico está más cálido que nunca, y esto no es casualidad. Las aguas oceánicas han subido entre 1 y 1,5 grados en el último siglo. Puede parecer poco, pero por cada grado de aumento, la atmósfera es capaz de retener un 7% más de humedad. Este "extra" de humedad es el combustible que alimenta las borrascas, y cuando llegan a tierra, especialmente en invierno, se encuentran con un suelo más frío. Este contraste térmico es clave: el aire cálido y húmedo del Atlántico asciende rápidamente al chocar con el frío peninsular, se condensa y forma nubes que descargan lluvias torrenciales. Es como si el Atlántico nos enviara paquetes de humedad que, al tocar tierra, se convierten en agua... y mucha.
La Corriente del Chorro es quien tiene la última palabra. Cuando está en una posición más baja, cerca del paralelo 40° norte, las borrascas se dirigen hacia la península ibérica, trayendo lluvias como las que estamos viendo. Si se desplazara más al norte, que es lo habitual, las borrascas irían a parar al Reino Unido o Escandinavia, y nosotros quedaríamos bajo la influencia de altas presiones, con un tiempo más seco y estable, dominado por el potente anticiclón de las Azores.
En definitiva, este tiempo borrascoso durará lo que tenga que durar. El agua siempre viene bien, aunque no esté en nuestra mano decidir cuándo se termina. Lo que está claro es que estamos ante un cóctel meteorológico que nos riega como si la Península Ibérica fuera un jardín. Un jardín que, si habitualmente es más bien árido, ahora se ha convertido en una alfombra verde en las praderas y blanca en las cordilleras montañosas. Habrá que aprovechar mientras dure esta sinfonía atmosférica, en la que cada elemento juega su papel, dejémosla que siga su curso, como si fuera la Sinfonía Pastoral nº 6 de Beethoven. Que la música de la Naturaleza siga sonando.
https://youtu.be/xWDIwsfgQnE
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