La Audiencia Nacional hunde el ´inversor´ de Madeirainvest: 185 millones a la basura...y el creador al trullo
El juez de la Audiencia Nacional acuerda prisión provisional para el creador de la plataforma de inversión Madeirainvest por un fraude de 185 millones de euros
El legislador prevé penas superiores a los nueve años de prisión y, por tanto, debe tramitarse como sumario y no como procedimiento abreviado
sábado, 22 de noviembre de 2025
Álvaro Romillo, el niño bonito de las criptos que se presentaba en stories con un Lamborghini Huracán y una sonrisa de anuncio de dentífrico, ya no sonríe.
Ayer, viernes 7 de noviembre de 2025, el juez José Luis Calama le mandó directo a Soto del Real sin pasar por caja. Prisión provisional, comunicada y sin fianza. El motivo: liderar la que ya es, oficialmente, una de las mayores estafas piramidales de la historia reciente de España. Entre 185 y 261 millones de euros, según se mire el contador de la UCO o el del juez. Más de tres mil personas timadas. Y un reguero de Ferraris, yates y cuentas en Singapur que ya no volverán a ver.
El chiringuito se llamaba Madeira Invest Club. Sonaba a club de golf en Funchal, pero era un club de tontos con dinero. Pagabas la membresía (mínimo mil euros al año) y entrabas en el paraíso: inversiones en relojes Rolex, whisky Macallan, Porsche 911, pisos en Dubai y criptomonedas mágicas que daban un 68 % anual garantizado. Garantizado. Esa palabra que siempre precede al desastre.
Álvaro lo vendía en eventos de postureo puro: Finca Feligrés, Vistalegre Arena y, coronación máxima, el Hipódromo de la Zarzuela con Alvise Pérez de maestro de ceremonias. Allí, entre copas de Moët y fotos con Lambos, miles de españoles de clase media-alta entregaron sus ahorros pensando que estaban entrando en la nueva élite financiera. No entraban en nada. Entraban en la trampa.
Porque el dinero nunca se invertía. Iba directo a las 106 cuentas bancarias del entramado, a 52 sociedades pantalla repartidas por medio mundo y a los caprichos de Álvaro y su corte familiar: 85 cochazos de lujo (ya incautados), apartamentos, yates y 29 millones que volaron a Singapur y de allí a Tailandia como si fueran billetes de Monopoly.
Cuando la plataforma dejó de pagar en septiembre de 2024, el castillo de naipes se vino abajo. Los inversores empezaron a llorar en los grupos de Telegram y la UCO entró como un huracán. El martes detuvieron a Álvaro en su chalé de La Moraleja. El viernes, el juez le dijo: “Aquí te quedas”.
Y ahora está en la celda, con el pasaporte retirado y el futuro muy negro. Porque el juez Calama no se anda con chiquitas: riesgo de fuga evidente (tiene decenas de millones sin localizar), riesgo de destrucción de pruebas (solo han recuperado una migaja) y una pena que supera los nueve años. Eso significa sumario, macrocausa y muchos años por delante.
El niño de oro de las criptos ya no tiene oro. Solo barrotes.
Y tres mil familias que se quedaron sin nada, mirando las fotos de los Ferraris que pagaron con sus ahorros y que ahora duermen en un depósito judicial.
Fin de la historia… o principio de la siguiente, según se mire.
Ayer, viernes 7 de noviembre de 2025, el juez José Luis Calama le mandó directo a Soto del Real sin pasar por caja. Prisión provisional, comunicada y sin fianza. El motivo: liderar la que ya es, oficialmente, una de las mayores estafas piramidales de la historia reciente de España. Entre 185 y 261 millones de euros, según se mire el contador de la UCO o el del juez. Más de tres mil personas timadas. Y un reguero de Ferraris, yates y cuentas en Singapur que ya no volverán a ver.
El chiringuito se llamaba Madeira Invest Club. Sonaba a club de golf en Funchal, pero era un club de tontos con dinero. Pagabas la membresía (mínimo mil euros al año) y entrabas en el paraíso: inversiones en relojes Rolex, whisky Macallan, Porsche 911, pisos en Dubai y criptomonedas mágicas que daban un 68 % anual garantizado. Garantizado. Esa palabra que siempre precede al desastre.
Álvaro lo vendía en eventos de postureo puro: Finca Feligrés, Vistalegre Arena y, coronación máxima, el Hipódromo de la Zarzuela con Alvise Pérez de maestro de ceremonias. Allí, entre copas de Moët y fotos con Lambos, miles de españoles de clase media-alta entregaron sus ahorros pensando que estaban entrando en la nueva élite financiera. No entraban en nada. Entraban en la trampa.
Porque el dinero nunca se invertía. Iba directo a las 106 cuentas bancarias del entramado, a 52 sociedades pantalla repartidas por medio mundo y a los caprichos de Álvaro y su corte familiar: 85 cochazos de lujo (ya incautados), apartamentos, yates y 29 millones que volaron a Singapur y de allí a Tailandia como si fueran billetes de Monopoly.
Cuando la plataforma dejó de pagar en septiembre de 2024, el castillo de naipes se vino abajo. Los inversores empezaron a llorar en los grupos de Telegram y la UCO entró como un huracán. El martes detuvieron a Álvaro en su chalé de La Moraleja. El viernes, el juez le dijo: “Aquí te quedas”.
Y ahora está en la celda, con el pasaporte retirado y el futuro muy negro. Porque el juez Calama no se anda con chiquitas: riesgo de fuga evidente (tiene decenas de millones sin localizar), riesgo de destrucción de pruebas (solo han recuperado una migaja) y una pena que supera los nueve años. Eso significa sumario, macrocausa y muchos años por delante.
El niño de oro de las criptos ya no tiene oro. Solo barrotes.
Y tres mil familias que se quedaron sin nada, mirando las fotos de los Ferraris que pagaron con sus ahorros y que ahora duermen en un depósito judicial.
Fin de la historia… o principio de la siguiente, según se mire.
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