LINARES: PASADO, PRESENTE Y FUTURO
domingo, 9 de noviembre de 2025
Linares es la ciudad más poblada de la provincia de Jaén, sólo por detrás de la capital. Ejerce un papel central en la comarca de Sierra Morena, actuando como “capital” de referencia comarcal, concentrando los servicios administrativos, judiciales, sanitarios y comerciales para una serie de pueblos más pequeños de su entorno como: Bailén, guarromán Jabalquinto, Lupión, Rus, Santa elena o La Carolina. Es una ciudad con rango de cabecera comarcal y de partido judicial, lo que la convierte en el principal centro administrativo, económico y de servicios del norte de la provincia de Jaén.
Los Orígenes: De Iberos y Romanos
La zona de Linares ha estado habitada desde la antigüedad, como atestiguan los restos de poblados iberos. Sin embargo, el hito que marcó su destino ocurrió en época romana.
Cástulo: A escasos kilómetros de la Linares actual, se alzaba Cástulo, una de las ciudades más importantes de la Hispania Romana. Fue capital de la región Oretania y un nudo crucial de comunicaciones. Su riqueza provenía de las minas de plata y plomo de la zona. Pero tras la caída del Imperio Romano y en época musulmana, Cástulo entró en decadencia y fue gradualmente abandonada.
Poco a poco, la población se fue desplazando hacia un pequeño enclave cercano, conocido como Castellum Linearum (posiblemente por estar en una línea o linde), que daría origen a la Linares medieval. Durante la Edad Media, fue una aldea dependiente de Baeza, con un carácter defensivo en la frontera entre los reinos de Castilla y Granada.
Esa frontera no era una línea fina como hoy la podemos situar en el mapa. era un límite extremadamente dinámico. Tras la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212, el poder almohade se derrumba y el avance cristiano se acelera. El rey Fernando III “El Santo” conquista Baeza en 1227 y, poco a poco, el estratégico castillo de “Cástulo” en 1228. A partir de ese momento, la frontera se estabiliza, más o menos, a lo largo de lo que hoy es la provincia de Jaén. Castilla controla el valle del Guadalquivir (Baeza, Úbeda, Jaén, Andújar), mientras que las tierras del sur (Sierra Mágina, Sierra Cazorla) permanecen bajo control granadino, actuando como una formidable barrera natural.
Este territorio de frontera o “tierra de nadie”, Linares no era la “línea de frente” inmediata, sino que estaba unos kilómetros al norte de la principal zona de conflicto. Sin embargo, el territorio era una tierra de nadie sujeta a razzias, incursiones y escaramuzas de ambos bandos. La inseguridad era la norma. Entonces, Linares era una aldea dependiente de Baeza que, junto con Úbeda, eran cabezas de puente cristianas importantes y avanzadas en la frontera.
Sobre el cerro que hoy domina la actual ciudad de Linares se alzaba el Castillo de Linares, del que aún quedan restos. Su función no era ser una gran fortaleza, sino un puesto de vigilancia y alerta avanzado para proteger el flanco norte de Baeza. Linares estaba situada junto a una vía de comunicación natural (la antigua vía romana). Controlar este paso era vital para prevenir las razzias musulmanas que bajaban desde la sierra hacia las ricas tierras del Guadalquivir.
Trayectoria Histórica: De aldea a ciudad pujante
Después de ese tiempo que transcurrió entre los siglos XIII y XIV, la historia de Linares ha estado marcada por varios momentos clave:
En 1565, Linares consiguió su independencia de Baeza y se le da el Título de Ciudad, de manos del rey Felipe II. Fue el primer paso para su autogobierno.
En el siglo XIX, se produce un auténtico despegue de Linares, con la llamada “fiebre de la plata”, una explotación masiva de sus minas de plomo. A partir de entonces Linares se convirtió en uno de los principales productores mundiales, atrayendo a miles de trabajadores e inversores, muchos de ellos británicos. Este “boom” minero transformó la aldea en una ciudad próspera y cosmopolita, con un notable desarrollo urbanístico, con ensanches, edificios burgueses y la llegada del ferrocarril en 18865.
Pero, agotados los filones más ricos entrado ya el siglo XX, la minería entró en crisis y Linares se vio obligada a reinventarse, surgiendo una pujante industria, primero ligada a la maquinaria minera y después diversificándose, especialmente con la fabricación de componentes para automóviles.
El “siglo de oro” de la minería del plomo de Linares llegaba a su fin. El agotamiento de los filones , la caída del precio del plomo y la competencia de otros países con minas y minas, dejando a miles de trabajadores en la calle y sumiendo a la ciudad en una profunda crisis económica y social. El paisaje de Linares se llenó de chimeneas caídas y escombreras, testigos silenciosos de un esplendor pasado.
Frente a esta decadencia, Linares no se cruzó de brazos. La ciudad aprovechó su legado para la reconversión: su capital humano, con su experiencia y conocimientos en metalurgia, sus infraestructuras y su espíritu empresarial, fueron el caldo de cultivo para el surgimiento de una nueva industria, primero ligada a la maquinaria minera y, posteriormente, diversificándose. El hito que marcó este periodo y cambió el destino de la ciudad fue, sin duda, la llegada de Metalurgia de Santa Ana, que luego se convirtió en Santa Motor.
En 1955/56 se constituyó la empresa con participación de capital público y privado (sobre todo, la familia Linares-Recalde). Su objetivo inicial era la fabricación de maquinaria agrícola.
En 1961 se firmó un acuerdo de licencia con la británica Rover Company para fabricar el legendario Land Rover Serie II. Este fue el punto de inflexión. Linares se convertía en la fábrica española del vehículo todo terreno por excelencia. Santana se convirtió en el principal empleador de la ciudad y de toda la comarca. Generó miles de puestos de trabajo directos e indirectos. Alrededor de Santana surgió una potente industria auxiliar del metal: fabricantes de piezas, tornillería, mecanizados, etc. La ciudad experimentó un “boom” demográfico, atrayendo a trabajadores de los pueblos de alrededor. Esto impulsó la construcción de nuevos barrios y la expansión urbanística. Linares pasó de ser una ciudad de “mineros” a una ciudad de “obreros metalúrgicos”. La cultura del trabajo en cadena y la fábrica sustituyó a la de la mina.
Los años 60 y 70 fueron unas décadas de optimismo y actividad frenética. Emergió una clase obrera con una identidad propia, que pronto desarrolló un potente movimiento sindical. La ciudad bullía. Los cines Avenida, Central, San José, los bares y las verbenas eran centros de socialización. Era la época del “domingo de Santana”, donde las familias paseaban y los trabajadores comentaban la semana en las fábricas. Se mejoraron infraestructuras y servicios para una población en crecimiento. El centro histórico, aunque se conservaba, empezó a ceder protagonismo a los nuevos ensanches.
Aunque la llegada de Santana fue un salvavidas, el modelo no estaba exento de riesgos. La economía de Linares volvía a depender de un solo sector, en este caso, la fabricación de un único modelo de vehículo bajo licencia. Esto la hacía muy vulnerable. La capacidad de innovación propia y la toma de decisiones estratégicas estaban limitadas. En tiempos de la Transición surgió una importante conflictividad laboral debido a las condiciones laborales en las fábricas con largas jornadas de trabajo y salarios no siempre acordes al esfuerzo.
Al final de este periodo, en el último tercio del siglo XX (años 70), Linares había logrado una reconversión espectacular. Había pasado de ser una ciudad minera en ruinas a un pujante centro industrial del motor. Sin embargo, se encontraba en la cúspide de un modelo que, con el tiempo, mostraría sus grietas. La dependencia de Santana Motor y los vaivenes de la industria automovilística global presagiaban los nuevos desafíos que la ciudad tendría que afrontar en las décadas siguientes, culminando con la crisis y el eventual cierre de Santana en el siglo XXI.
En definitiva, esta época forjó el carácter industrial y luchador de la Linares contemporánea, un legado que aún hoy define su identidad y sus retos.
El siglo XXI representa para Linares un periodo de profunda reconversión, crisis y búsqueda de un nuevo modelo económico, marcado por el fin de una era industrial con la minería y la fabricación de vehículos. La historia reciente de la ciudad no se puede entender sin analizar el colapso de su principal pilar.
Santana Motor, que había sido el salvavidas de la ciudad en el siglo XX, se convirtió en su mayor herida en el XXI. Su declive fue un proceso largo y doloroso.
La dependencia de un modelo antiguo (el Land Rover Defender), la falta de un nuevo producto propio competitivo y la desvinculación con Rover/Land Rover la dejaron en una posición muy débil.
Hubo varios intentos de rescate, como el acuerdo con la china Zhongxing (2006) para fabricar el SUV Grand Tiger, que no logró revitalizar la empresa.
Tras años de expedientes de regulación de empleo (EREs), la fábrica cesó su actividad de forma irreversible en 2011. La pérdida de unos 1.000 puestos de trabajo directos, y miles más en la industria auxiliar, fue un golpe devastador para la economía y la moral de la ciudad.
Aunque la fábrica cerró, su legado no desapareció por completo. El vasto terreno de la antigua fábrica se está reconvirtiendo en un polígono industrial multicliente. Es un proceso lento, pero ya alberga a otras empresas más pequeñas. Es un símbolo físico de la reconversión. La principal herencia es la de miles de trabajadores con un alto conocimiento en metalmecánica y procesos industriales. Toda esta experiencia es un activo valioso para atraer nuevas inversiones. Muchas de las pymes que surgieron para abastecer a Santana lograron sobrevivir diversificando su cartera de clientes, muchas veces hacia otros sectores del automóvil fuera de Linares. Sin embargo, muchas otras no superaron la crisis.
La búsqueda de un nuevo modelo de desarrollo obligó a Linares a diversificar su economía que pasa por una apuesta por la educación. La Universidad de Jaén (UJA) tiene en Linares un campus especializado en ingenierías (Escuela Politécnica Superior de Linares). Esto es crucial para retener y atraer talento joven y para fomentar la I+D+i. Además, se han creado centros de investigación como el Centro de Estudios Avanzados en Energía y Medio Ambiente (CEAEMA), buscando posicionarse en sectores de vanguardia.
Otra apuesta es la de atraer nueva industria, no sólo del automóvil, también la de la fabricación de componentes electrónicos y bobinas para el sector de la automoción eléctrica. Es el mayor ejemplo de reconversión exitosa hacia la industria 4.0. La empresa Alestis Aernnova, también está fabricando componentes aeronáuticos, un sector de alta tecnología. Otras empresas del sector del mueble, plásticos y logística se han instalado en polígonos industriales.
Se ha entendido que el pasado de Linares puede ser una fuente de futuro y se ha explotado su Patrimonio Histórico y Cultural.
Aunque las minas están cerradas, su legado perdura. El paisaje minero de Linares-La Carolina es candidato a Patrimonio Mundial de la Unesco. Destaca la Fundición de la Cruz, un impresionante complejo industrial en ruinas.
El yacimiento arqueológico de Cástulo es uno de los más importantes de España, donde se han encontrado piezas únicas, como la Leona de Cástulo o el Mosaico de los Amores.
La Plaza de Toros de Linares, conocida como “La Chica”, es un lugar de peregrinación taurina. Ahí toreó por última vez Manolete, que falleció de una cornada el 28 de agosto de 1947, un evento que marcó la historia del toreo.
El centro histórico muestra el esplendor de la burguesía minera con edificios como el Palacio de los Marqueses de Linares (actualmente Casa de América, en Madrid), el Ayuntamiento, o la Casa de la Munición. Miguel Fisac, arquitecto de fama internacional, pionero en el uso del hormigón y con un estilo muy personal
Sin embargo, es en el universo de la música y el espectáculo donde el genio linarense ha cosechado sus frutos más populares y resonantes. Junto a la ya citada leyenda de Segovia, la ciudad es cuna y cantera de talento. De ella es hijo predilecto el inconmensurable Raphael, el "Divo de Linares", cuya voz y carisma son un mito viviente de la canción española. A su lado, la maestría del flamenco tiene un pilar esencial en Carmen Linares, "La Gran Dama del Cante", criada y formada en la ciudad, y ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Artes.
Este extraordinario mosaico se enriquece con profundas raíces locales. Aunque almeriense de nacimiento, David Bisbal profesa un cariño sincero por Linares, la tierra de su familia, a la que considera su "segundo hogar". La vanguardia musical tuvo un crisol en la ciudad con Santiago Auserón, líder de Radio Futura, quien pasó aquí su juventud. La sangre linarense también fluye en la guitarra virtuosa de Rafael Riqueni (por vía materna) y en los ritmos de Juan Magán (por vía paterna). El ámbito teatral cuenta con un aliado de excepción en el actor Rafael Álvarez "El Brujo", cuya relación con la ciudad es profunda y fértil. Para cerrar este panorama, la lírica encuentra su voz en el tenor Antonio de Candia, emergido de Linares con prestigio internacional.
Linares, con el peso de su nombre a cuestas, mira al futuro desde la firmeza de un pasado que se niega a ser solo nostalgia. Su historia es un relato tallado en la roca de la resiliencia, una lección de que las ciudades, como las personas, pueden reinventarse sin perder su esencia.
Desde las profundidades de las minas de plata que financiaron imperios, hasta las cadenas de montaje que motorizaron un país; desde el silencio sepulcral de las fundaciones abandonadas hasta el eco atronador de un "¡Yo soy aquel!" en un escenario, Linares ha demostrado una y otra vez su capacidad para transmutar el sudor en progreso y la adversidad en oportunidad.
Hoy, en el cruce de caminos del siglo XXI, la ciudad no claudica. Sabe que su futuro no se escribirá con un solo nombre, como antaño lo fueran el plomo o Santana. En su lugar, apuesta por una sinfonía a varias voces: el zumbido de la nueva industria 4.0 en naves reconvertidas, el murmullo de los investigadores en su campus universitario, el eco de los pasos de turistas que recorren las huellas de íberos y mineros, y los acordes eternos de Segovia, Raphael y Carmen Linares que, como un himno invisible, le recuerdan al mundo su inmenso patrimonio humano.
El cierre de esta historia, por tanto, no está escrito. Linares sigue en obra, negociando con el porvenir desde la dignidad de quien conoce el valor del trabajo y la fuerza de la cultura. Su gran legado no es solo lo que fue, sino la tenacidad con la que se empeña en ser. La ciudad, como el filo de una herramienta bien templada, se afila contra los desafíos, preparada para esculpir el próximo capítulo de su leyenda.
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