Al caradura de la incapacidad le cierran el grifo: el TSJ de Aragón manda a un capataz a seguir currando en su sillón porque “cojear y cansarse un poco” no da derecho a jubilarse a costa de todos

Al caradura de la incapacidad le cierran el grifo: el TSJ de Aragón manda a un capataz a seguir currando en su sillón porque “cojear y cansarse un poco” no da derecho a jubilarse a costa de todos

martes, 2 de diciembre de 2025

Esto es un ejemplo perfecto de lo que lleva años pasando: cada vez más gente quiere cobrar sin trabajar y, si hace falta, se inventa o exagera una enfermedad para que le den la incapacidad permanente y vivir del cuento el resto de su vida.

Pues bien, el Tribunal Superior de Justicia de Aragón le ha bajado los humos a uno de esos listos. Se trata de un capataz agrario que lleva desde noviembre de 2018 enchufado en el Servicio Provincial de Agricultura, Ganadería y Alimentación de Huesca. Su curro real: mandar a los demás, limpiar coches no los limpia él, mirar averías y decir «llévalo al taller», controlar facturas, meter cuatro datos en el ordenador y vigilar que los técnicos no se lleven los coches oficiales a comprar el pan. Vamos, un puesto de los que cualquier persona con dos dedos de frente y una pierna coja puede hacer sentado y sin sudar.

El hombre tiene una insuficiencia mitral severa, se cansa con esfuerzos medianos, cojea y, según él, no puede hacer casi ni moverse. Pero el TSJ, con dos cojones, le dice: «Mira, guapo, tu trabajo es básicamente de jefe de mesa y silla. Aquí no estás partiendo piedras ni cargando sacos de 50 kg. No hay ni un solo informe de Prevención de Riesgos Laborales que diga que no puedes hacer tu puesto, así que te aguantas, sigues currando y dejas de lloriquear».

Ratifica la sentencia del Juzgado de lo Social de Huesca y del INSS: incapacidad permanente denegada. Punto.

Y no olvidemos a los más de 1,5 millones de trabajadores que están ahora mismo de baja médica en España. A eso se llama “absentismo laboral” o, lo que es lo mismo, “caradura laboral” a gran escala. Aunque la culpa no es solo de ellos: el verdadero responsable es el sistema sanitario público y las mutuas que poco pueden hacer más que achantar con lo que la santísima Seguridad Social les ordena, ni tienen control que reparten bajas como quien reparte caramelos, permitiendo estos desfalcos laborales que hunden a los empresarios (sobre todo a las pymes) y saquean las arcas del Estado y de la Seguridad Social. Mientras unos pocos curran como burros para pagar impuestos, otros están tan ricamente en casa viendo Netflix con el sueldo garantizado.

La sentencia aún no es firme, puede ir al Supremo a seguir gastando dinero público en recursos, pero el mensaje está clarísimo: los tribunales ya están hartos de que la gente intente colarse en la nómina eterna fingiendo o hinchando enfermedades. Y hacen bien.

Ojalá cundan más sentencias así. Que cada vez que alguien intente timar con una incapacidad falsa le den con la puerta en las narices y, encima, le hagan devolver hasta el último céntimo cobrado indebidamente. A ver si así algunos vuelven a dignificar el trabajo en lugar de vivir como parásitos del resto.


Comentarios

Entradas populares de este blog

PRIEGO DE CÓRDOBA, UN RECORRIDO POR SU HISTORIA Y SU ALMA