Migraña: la ciencia de un cerebro que siente demasiado

 Migraña: la ciencia de un cerebro que siente demasiado

lunes, 8 de diciembre de 2025


Antes de nada, vamos a definir lo que son las migrañas.
 La migraña es un trastorno neurológico que causa dolores intensos y recurrentes, a menudo pulsiles, que suelen afectar un lado de la cabeza y vienen acompañados de síntomas como náuseas, vómitos y sensibilidad extrema a la luz( fotofobia) y al sonido (fonofobia). Estos ataques pueden durar horas o días e incapacitar a la persona, interfiriendo con sus actividades diarias. Algunas personas experimentan un “aura”, con síntomas visuales o de hormigueo, antes del dolor.

La relación directa entre migrañas y campos magnéticos intensos no está demostrada como un vínculo causal. Lo que sí sabemos —y aquí está la clave— es que las personas migrañosas tienen un sistema nervioso mucho más sensible a los cambios del entorno, y eso hace que ciertos estímulos, incluidos los electromagnéticos muy intensos, puedan percibirse o desencadenar molestias.
El cerebro migrañoso es hiperexcitable

Las personas con migrañas tienen un sistema nervioso que responde con más intensidad a estímulos que para otros pasarían inadvertidos: luces, sonidos, olores, cambios hormonales, alteraciones del sueño, variaciones de temperatura o presión atmosférica.

Esa hiperexcitabilidad afecta especialmente a la corteza cerebral y al tronco del encéfalo, donde se regula el dolor.
Los campos magnéticos intensos pueden activar o alterar neuronas

Un campo magnético lo suficientemente fuerte puede influir en la actividad eléctrica de las neuronas, pero solo si el campo es realmente intenso, como el generado por una máquina de RMN (resonancia magnética), imanes industriales muy potentes, o dispositivos médicos de neuroestimulación.

No hablamos de imanes domésticos, imanes de nevera ni campos normales del entorno: esos no afectan.

En campos muy fuertes, puede ocurrir lo siguiente:

se induce una corriente eléctrica ligera en el tejido nervioso,
algunas neuronas aumentan o disminuyen su actividad,
el cerebro migrañoso interpreta ese cambio como un estímulo más.

Y como es sensible, responde con más intensidad, a veces con sensación de presión, mareo o inicio de cefalea.
La clave está en el sistema trigémino y la “cascada migrañosa”

En la migraña, un sistema llamado trigémino-vascular, referida a la interconexión entre el nervio trigémino (el quinto craneal, encargado de la sensibilidad y movimientos de la cara y masticación) y los vasos sanguíneos (arterias y venas) en la base del cerebro, especialmente en relación con el origen del nervio; que está siempre “preparado para saltar”.

Cuando un estímulo fuerte —luminoso, químico, térmico o eléctrico— se detecta:

El sistema trigémino se activa.
Se liberan sustancias inflamatorias como CGRP.
Los vasos sanguíneos del cráneo se dilatan.
Aparece dolor pulsátil, náuseas, sensibilidad sensorial.

Un estímulo magnético muy intenso podría, en teoría, actuar como detonante, igual que una luz muy brillante o un olor fuerte.
No es que el campo magnético “duela”: es que tu cerebro reacciona más

La persona migrañosa: detecta más, amplifica más, reacciona más.

Su sistema nervioso interpreta cambios del entorno como una señal que debe procesar con urgencia. Por eso a veces perciben cosas que otros ni notan.
¿Significa que los campos magnéticos habituales son peligrosos?

No. La evidencia científica es clara. Los campos magnéticos ambientales, domésticos o cotidianos no generan migrañas ni afectan al cerebro.

Solo hablamos de campos realmente intensos, de nivel médico o industrial, y aun así la reacción depende de la predisposición de cada persona.

Las migrañas no necesitan la presencia de campos magnéticos para aparecer. De hecho, la mayoría de las migrañas no tienen ninguna relación con magnetismos externos, sino con procesos biológicos internos del cerebro y del sistema nervioso. Lo interesante -y a veces desconcertante- es que esos procesos pueden ser muy sutiles, acumulativos y profundamente personales.

El cerebro migrañoso procesa los estímulos de forma más intensa, es un cerebro hiperexcitable. Es como si los circuitos estuvieran ajustados a un volumen más alto, las neuronas se despolarizan con más facilidad, lo que provoca que liberen una señal eléctrica que acabará viajando por la neurona para provocar la transmisión de información por el sistema nervioso , las redes sensoriales reaccionan exageradamente a luces, ruidos, olores o estrés, la corteza cerebral puede entrar en un estado llamado “depresión cortical propagada”, que genera el aura y luego el dolor. El propio cerebro es el origen de la migraña.

El trigémino es el gran protagonista del dolor de cabeza. En la migraña se activa de forma anómala, liberando sustancias inflamatorias que provocan vasodilatación de ciertas arterías meníngeas, y eso genera el dolor pulsátil característico.

Las migrañas están vinculadas a desequilibrios neuroquímicos de fluctuaciones en serotonina, dopamina, noradrenalina o glutamato. Por eso, hay días en que la migraña parece venir “de la nada”: en realidad, el equilibrio químico ha cambiado bien por sueño, por emociones, por alimentación o simplemente por ciclos internos.

El sistema simpático (activación) y parasimpático (calma) funcionan de manera menos estable en personas migrañosas. Su cuerpo permanece en un estado de desequilibrio, lo que resulta en estrés crónico, fatiga, problemas digestivos, insomnio, ansiedad, problemas cardiovasculares y dificultades para relajarse, porque el sistema de “lucha o huída” (simpático) está constantemente activado y no puede volver a la calma del sistema de “descanso y digestión” (parasimpático). Esto explica: manos frías, náuseas, sensibilidad a olores o luces, mareo o cambios extraños justo antes del dolor.

Los factores hormonales influyen especialmente en mujeres, pero también en hombres mayores, por el descenso de estrógenos, cambios de cortisol, ritmos de sueño irregulares o cambios en melatonina. Son disparadores naturales que no ve ni percibe la persona migrañosa, pero que están actuando.

El cerebro migrañoso tiene una amígdala más reactiva, un sistema límbico más sensible y un umbral más bajo de tolerancia al estrés.. Por eso, las tensiones emocionales mínimas les causan dolor, los días de mucha intensidad mental le producen crisis, y las preocupaciones acumuladas aumentan los síntomas. Su cuerpo transforma lo emocional en neurológico.

En muchos casos la migraña es hereditaria, su “cableado” cerebral es más propenso a entrar en crisis.

La migraña no es una respuesta a algo externo sino una condición interna donde el cerebro reacciona de forma desproporcionada ante pequeños desequilibrios cotidianos. Muchas veces simplemente con un cambio de clima, la falta de sueño, una tensión emocional, una mala digestión, cambios hormonales, unas luces fuertes, un ayuno prolongado son causas para que aparezca la migraña. Estos estímulos alteran los circuitos del trigémino, la serotonina y el sistema límbico.

La migraña no es una elección, es el capricho de tener una biogenética demasiado sensible.










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