Lo que yo sé sobre ese señor llamado Jeffrey Epstein
Lo que yo sé sobre ese señor llamado Jeffrey Epstein
domingo, 15 de febrero de 2026
Sentado en mi mesa de trabajo, mientras el sol aún no ha salido, me pongo a pensar en todo lo que me han contado sobre este señor tan famoso, aunque ya está muerto.Siempre me ha parecido que hay historias que tienen un lado muy oscuro, de esos que no se ven a simple vista aunque brille mucho el sol.
Os voy a contar lo que he leído sobre este señor que se llamaba Jeffrey Epstein. Era un financiero de esos que tienen billetes para llenar una piscina, pero no se hizo famoso por hacer cosas buenas. Hay quien dice que estuvo en el medio de un lío muy feo con mucha gente famosa, de esos que salen en las noticias y te ponen la cara triste.
Ese señor no estaba solo; se juntaba con gente muy importante, como políticos que salen en la tele, príncipes de países lejanos y hasta señores que hacen magia. Tenía casas por todos lados: en Nueva York, en Florida, en París... y hasta se compró un trozo de tierra en medio del mar, allá por el Caribe, donde el agua es azulita. Eran dos islas: Little Saint James y Great Saint James, que en español se llamarían “Santiago el pequeño” y “Santiago el Grande” o algo así.
Yo no sé mucho de ser millonario, pero me han dicho que las casas son para que la gente esté junta y feliz. Sin embargo, este señor construyó allí un sitio que parecía un hotel de vacaciones, con helipuertos y pistas de tenis. Parecía una fiesta constante, pero el problema de las islas es que están rodeadas de agua. Y si alguien no es bueno contigo, no puedes echar a correr como hacía yo cuando era niño; no hay un camino para escapar. Llevaba allí a niñas muy jóvenes y las obligaba a hacer cosas muy malas. Era como un jardín precioso que por dentro estaba lleno de serpientes.
A ese señor lo atraparon dos veces. La última fue en 2019, y mientras esperaba su juicio en una celda de Nueva York, apareció muerto. Dijeron que él mismo se quitó la vida, pero como las cámaras no funcionaban y los guardias se quedaron dormidos, se supone que mucha gente cree que alguien lo mandó callar porque sabía demasiados secretos de señores poderosos.
A veces me pongo a pensar que los secretos son como las piedras en el zapato: al principio no molestan, pero si caminas mucho con ellas, terminan haciéndote una herida. Los vecinos de las islas llamaban a ese lugar 'la isla de la pedofilia', un nombre muy feo, pero se quedaban calladitos porque les pagaban bien o porque les hacían firmar papeles para que no hablaran. Siempre me ha parecido que el dinero a veces le pone una venda en los ojos a la gente buena.
Ahora han salido miles de papeles, tantos que si los apilaras llegarían más alto que los árboles de mi casa. En esos papeles salen nombres como el del señor Donald Trump o el del señor Bill Clinton. El señor Trump dice que solo eran conocidos y el señor Clinton dice que él nunca estuvo en la isla. Es un lío muy grande, como cuando empieza a llover y no sabes para dónde correr.
Hay quien dice que la verdad es como el sol: puedes intentar taparla con un paraguas, pero al final siempre acaba saliendo y quemándote. Lo más triste de todos esos papeles no son los nombres de los señores importantes, sino lo que cuentan las muchachas; que las trataron como si no fueran personas.
Al final, la política es como una caja de bombones que se ha quedado al sol: los nombres se mezclan y ya no sabes cuál es el dulce y cuál es el que te va a sentar mal. Pero la verdad es como una carrera de fondo; no importa cuánto corras para esconderte, ella siempre te acaba alcanzando.
Eso es todo lo que tengo que decir al respecto sobre ese señor que ya murió y se llevó muchos secretos con él.
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