POLÍTICA
La CNMC aprueba el informe de recomendaciones y propuestas sobre el apagón del 28 de abril de 2025
Cuando la luz falla y nadie responde: la CNMC convierte un problema eléctrico en un ejercicio de ambigüedad
jueves, 19 de marzo de 2026
Si uno lee este comunicado de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia con un poco de colmillo periodístico —y no con la ingenuidad del boletín oficial— lo primero que percibe no es lo que dice, sino lo que evita decir.
Hay textos que informan… y textos que encubren. Este de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia pertenece peligrosamente a los segundos. Porque cuando un sistema eléctrico falla —aunque lo llamen con la suavidad burocrática de “incidente”— lo mínimo exigible no es un catálogo de buenas intenciones, sino una radiografía con nombres, apellidos y responsabilidades. Y aquí no hay ni una cosa ni la otra. Hay, eso sí, una prosa impecable… para no molestar a nadie.
Donde hubo un fallo, ahora hay una niebla. El documento habla de “líneas de mejora”. Pero no habla de errores. Habla de “complejidad creciente”. Pero no habla de mala planificación. Habla de “coordinación”. Pero no dice quién no coordinó. Es el viejo arte de decir sin decir, de dibujar un incendio con acuarelas. Y en un sistema eléctrico nacional, eso no es prudencia: es una forma elegante de irresponsabilidad.
La verdad incómoda que nadie quiere verbalizar son las renovables. El informe desliza —como quien no quiere la cosa— que hay una “alta penetración de renovables” y una “volatilidad de tensiones”. Traducido:
el sistema no está preparado, al ritmo necesario, para integrar lo que ya está produciendo. Y aquí es donde hay que hablar claro. Países como Alemania o Dinamarca llevan años invirtiendo en: redes inteligentes, almacenamiento energético y sistemas de respaldo rápido. No porque sean más listos, sino porque entendieron antes que la transición energética no es solo poner molinos y placas: es rediseñar todo el sistema.
España, en cambio, ha corrido mucho en generación… y demasiado poco en infraestructura. Resultado: un coche con motor de Fórmula 1… y frenos de utilitario.
Y el problema real es que hay demasiados actores y demasiado poco mando. El informe habla de “infraestructuras compartidas” y de “delimitación de responsabilidades”. Eso, en lenguaje directo, significa: aquí hay demasiada gente tocando el piano… y nadie dirigiendo la orquesta.
¿Y quién responde cuando falla? ¿El productor? ¿El gestor de red? ¿El operador del sistema?¿El regulador?
La CNMC lo sabe, pero no lo quiere decir, y al no decirlo, perpetúa el problema: la irresponsabilidad difusa es la madre de todos los fallos repetidos.
Las propuestas del informe son, en esencia, las de cualquier manual técnico: más inspecciones, mejor coordinación, armonización normativa y control de tensiones.
Perfecto. Pero esto no es liderazgo, es mantenimiento. Lo que falta es: un calendario exigente, sanciones claras, auditorías independientes y, sobre todo, responsables identificados. Porque sin consecuencias, las recomendaciones son literatura.
Europa es el refugio perfecto para eludir responsabilidades. Se invoca la “armonización europea”, como si fuera un mantra, pero conviene decirlo sin rodeos: Europa no impide hacer bien las cosas en casa. Europa no impide anticiparse. Europa no impide exigir responsabilidades.
Países como Francia, con su fuerte base nuclear, o Países Bajos, con redes altamente digitalizadas, no esperan a que Bruselas les diga cómo evitar un fallo crítico. Actúan. Corrigen. Señalan. Aquí, en cambio, parece que esperamos… y luego redactamos informes.
Y cuando todo depende de todo es cuando viene el verdadero riesgo. El informe menciona de pasada algo que debería estar en el titular: telecomunicaciones, ferrocarril, carburantes, gas: Todo depende de la electricidad.
Eso significa que un fallo ya no es técnico, es estructural. No es un incidente: es un aviso. Un aviso de que el sistema no solo tiene que ser eficiente, sino a prueba de errores graves.
Lo que la CNMC debió hacer…y no hizo con este informe donde tenía la oportunidad de hacerlo era: ser incómodo, claro y útil. Debió identificar fallos concretos, señalar responsables operativos, evaluar decisiones previas, establecer medidas obligatorias con plazos, y advertir, sin ambigüedades, de los riesgos futuros. Pero ha optado por lo seguro: no molestar, no señalar, no comprometerse.
Conclusión
Tenemos un sistema que avanza, pero sin red de seguridad suficiente. España está haciendo bien una parte del camino energético, pero está descuidando la más difícil: la estabilidad del sistema. Y este informe de la CNMC, lejos de ser un punto de inflexión, es un espejo empañado: refleja algo… pero no deja ver con claridad. Porque al final, la paradoja es casi literaria: tenemos más energía limpia que nunca… pero también más incertidumbre que antes.
Y cuando la luz falla, ya no basta con decir que hay que mejorar.
Hay que explicar por qué falló, quién falló… y quién va a evitar que vuelva a pasar. Lo demás —por muy bien escrito que esté— es solo electricidad retórica.
Comentarios
Publicar un comentario