REFLEXIONES
Más allá del hábito: La conquista diaria de la mujer que amas
“Cómo volver a recuperar el deseo por la mujer que amas después de más de 40 años juntos. Ese deseo por estar con ella, la admiración que sentías por ella y estar continuamente descubriéndola y deseándola. Después de tanto tiempo todo eso ha desaparecido y se ha convertido en una relación como más amistosa y a veces tirante porque ya no aprecias lo que admirabas; ahora una vez que lo tienes no le das aprecio y el amor se ha convertido en conveniencia mutua de relación de convivencia entre dos personas”.
Cómo pasar de la supervivencia logística al renacimiento erótico despues de 40 años de convivencia sin que el deseo se muera o haya quedado sepultado bajo capas de “saber demasiado del otro”.
Llevar 40 años con alguien es un éxito de la voluntad, pero a menudo es el funeral de la curiosidad. Y el problema no es que uno haya cambiado, sino que el otro cree que ya no tiene nada que decirte.
En una relación larga, el mayor enemigo es la falta de distancia. Lo sabes todo: cómo mastica, qué va a decir antes de que abra la boca, cómo se queja. Has convertido a tu mujer en una extensión de ti mismo, y nadie desea a una parte de su propio cuerpo. El deseo requiere un”otro”, alguien que sea un misterio.
Se necesita volver a la individualidad, mirar a tu pareja cuando esté absorta en algo que le apasiones, cuando hable con una amiga o cuando haga algo donde tú no intervengas. en ese momento, ella no es “tu mujer”, es una persona independiente. Esa pequeña distancia es la que permite que el deseo viaje de un punto a otro.
El deseo no es un rayo, es más bien una hoguera. Cuando tienes 20 años, el deseo es como un rayo, te golpea sin avisar. A los 60, el deseo es como una hoguera: tienes que buscar la leña, preparar el sitio y encender la cerilla. Cuando alcanzas tantos años de convivencia con la misma persona lo ideal es cambiar la mentalidad, no esperar a “sentir ganas” para buscarla. Las ganas en la relaciones largas son reactivas y estimulantes, aparecen después de haber empezado a jugar, a reír o a tocarse. Si esperas a que el deseo caiga del cielo como antes, te quedarás esperando sentado: la acción crea la emoción.
La “convivencia” después de tantos años viviendo juntos se convierte en una relación convertida mutuamente en conveniencia, es como dejar morir el deseo, porque se deja de ser amantes para ser “socios de una empresa de logística”. Hemos sacrificado el placer en el altar de la seguridad.
Para admirar a tu mujer de nuevo hay que dejar de buscar a la chica que fue y empezar a ver a la mujer que es hoy y que ha sobrevivido contigo. Esa resiliencia, esa sabiduría que tiene ahora, es un tipo de belleza distinta, más sólida.
Y la admiración por la otra persona se recupera cuando dejas de dar por hecho lo que ella aporta. Qué bonito es empezar a notar las pequeñas cosas y, sobre todo, decirle que las notas. El reconocimiento es el preludio de la conexión.
Si nuestras cenas son para hablar de problemas de familia, cosas de nuestra economía, o de lo que nos molesta lo de uno o lo del otro, estamos en “modo oficina” y entramos en el modo “statu quo”.
Aprender el juego de la seducción, salir de casa, cambiar de escenarios, el deseo necesita novedad, no hace falta irse lejos, basta con cambiar el tema de conversación. Prohibido hablar de problemas durante una hora. Intentar hablar de lo que sentimos, de lo que nos da miedo hoy, de lo que nos hace reír.
El amor busca tener, pero el deseo necesita querer. Para recuperar ese fuego, tienes que aceptar que, a pesar de los 40 años, ella sigue siendo una desconocida en muchos aspectos. El deseo renace cuando te das cuenta de que no la posees, de que ella elige estar ahí cada día, y de que podrías volver a perderla si dejas de mirarla de verdad..
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