Ábalos y las mascarillas: el tren de la corrupción hace parada en el Supremo

Pepe Rojas Molina

´Liberado, crítico de la realidad´

24 de octubre de 2024

José Luis Ábalos, quien hasta hace no tanto era el todopoderoso ministro de Transportes y número dos del Gobierno, ha pasado de manejar las infraestructuras de España a ser protagonista de una presunta trama criminal que aprovechó la crisis sanitaria para hacer caja. El juez Ismael Moreno de la Audiencia Nacional ha elevado una exposición razonada al Tribunal Supremo para que investigue al exministro por su “papel principal” en una organización que, según los indicios, se dedicó a sacar tajada a través de contratos públicos de mascarillas durante la pandemia. No estamos hablando de un simple caso de mala gestión, sino de un entramado criminal donde Ábalos jugaba de mediador estrella.

El juez no se anda con rodeos y le atribuye delitos graves: pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias y cohecho. Todo esto suena ya de por sí oscuro, pero cuando se desentrañan los detalles es cuando realmente nos damos cuenta del nivel de corrupción que estamos presenciando. Ábalos no solo era un mero espectador en esta historia, sino que, según los documentos y pruebas recogidos, movía los hilos desde la sombra, influyendo en la adjudicación de contratos públicos a su círculo cercano, mientras se le retribuía generosamente por sus "servicios".
La mano invisible de Ábalos
El empresario Víctor Aldama parece ser el otro gran protagonista de esta trama, que jugó un papel clave en la compra de mascarillas durante la emergencia sanitaria. Las investigaciones apuntan a que este empresario se valió de sus conexiones con el entonces ministro de Transportes para asegurarse jugosos contratos con la administración. Y no solo eso, Ábalos también estaría implicado en la contratación de su pareja en empresas públicas como INECO y TRAGSATEC, facilitándole un cómodo salario a través de sus contactos.

Y aquí viene lo más jugoso: el exministro disfrutó del alquiler de un piso en pleno centro de Madrid, cuyo alquiler no lo pagaba él, claro está, sino que fue cubierto por Víctor A., el mismo empresario beneficiado por los contratos públicos. Estamos hablando de casi 90.000 euros de alquileres, y eso es solo la punta del iceberg. Por si fuera poco, Ábalos también disfrutó de una residencia de lujo en La Alcaidesa, Cádiz, cortesía del mismo empresario. Parece que, en este tren, los billetes eran de primera clase.
La organización criminal a pleno rendimiento
El juez Moreno describe una auténtica "organización criminal" montada en torno a este entramado. Una estructura que no solo fue efectiva durante la pandemia, sino que continuó su actividad más allá, con pagos recurrentes hasta 2022 y favores que, según las escuchas telefónicas, aún se seguían intercambiando en 2023 y 2024. Aquí no había recesión ni pandemia que detuviera los beneficios: la influencia de Ábalos seguía activa incluso después de su salida del Ministerio, mientras su fiel escudero Koldo G. seguía recibiendo pagos mensuales por parte de Víctor A., asegurándose de que todo siguiera su curso.

El entramado, según el juez, no se limitó solo a las mascarillas. Ábalos también habría jugado un papel crucial en el rescate de Air Europa, donde el empresario Víctor A. habría aprovechado su relación con el exministro para influir en la decisión de conceder ayuda pública a la aerolínea. La imagen que dibuja el juez es la de una red de favores, pagos y adjudicaciones donde la corrupción no era la excepción, sino la regla.
Un destino incierto en el Tribunal Supremo
El tren de la corrupción en el que viajaba Ábalos ha llegado ahora a su última estación: el Tribunal Supremo. El juez Moreno, consciente de la condición de aforado de Ábalos, ha elevado el caso para que sea el Alto Tribunal quien decida si debe investigarlo o no. No se trata de una decisión menor: las pruebas y los indicios acumulados hasta ahora son más que suficientes, según el juez, para iniciar una investigación en toda regla.

Los testimonios, las escuchas telefónicas, los correos electrónicos intervenidos y los pagos demostrados forman una red lo suficientemente sólida como para justificar la implicación del exministro en esta trama. La cuestión ahora es si el Supremo se atreverá a desmontar esta maquinaria de corrupción o si el tren seguirá circulando, esta vez con más discreción, pero con el mismo destino.

José Luis Ábalos, que en su momento fue uno de los políticos más cercanos a Pedro Sánchez, se enfrenta a un futuro judicial incierto. El exministro ya ha negado en repetidas ocasiones cualquier implicación en estos hechos, pero las pruebas parecen hablar por sí solas. La pregunta es si, finalmente, alguien conseguirá poner fin a este viaje lleno de favores, pagos en la sombra y contratos millonarios a costa del dinero público. El Tribunal Supremo tiene ahora la última palabra.
El viaje de Ábalos no ha terminado, pero, tal como están las cosas, su tren parece haber descarrilado hace tiempo.




Comentarios

Entradas populares de este blog

PRIEGO DE CÓRDOBA, UN RECORRIDO POR SU HISTORIA Y SU ALMA