JUAN LOBATO, PRESIDENTE DEL PSOE DE MADRID, PRESENTA SU DIMISIÓN

Pepe Rojas Molina

´Liberado, crítico de la realidad´

jueves, 28 de noviembre de 2024

Juan Lobato se despide del liderazgo del PSOE de Madrid con una carta que rezuma conciliación, respeto y un tono de sacrificio por el bien mayor. Hasta ahí, todo parece bien intencionado, pero si se lee entre líneas, es una salida con más de un tiro por elevación y algún que otro mensaje soterrado.

Lobato dice que abandona para frenar “una situación de enfrentamiento y división grave” en el partido. Aquí viene lo interesante: ¿qué está ocurriendo en el PSOE de Madrid para que su propio líder tenga que dimitir antes de que el barco se hunda? No lo dice con todas las letras, pero menciona un problema de fondo que seguramente tiene más que ver con las luchas intestinas, los egos y el pulso de poder dentro del propio partido. Este tipo de conflictos internos no son nuevos ni en el PSOE ni en cualquier formación política, pero lo que Lobato hace es responsabilizarse y salir de escena sin meterse en el fango.

Es evidente que su estilo de liderazgo no encajaba con “la mayoría de la dirigencia actual” del partido, especialmente con el secretario general del partido Pedro Sánchez. ¿Qué significa esto? Que Lobato se ha encontrado con una estructura que no ha estado alineada con sus valores o, quizás, simplemente no ha sido lo suficientemente influyente para mantener su proyecto. Se va porque, según él, la política no es destruir al adversario, sino encontrar puntos en común, pero el subtexto aquí es claro: algunos dirigentes de Ferraz han optado por una forma de política más dura, más de trincheras, y eso es incompatible con su manera de ver las cosas.

Hace un llamamiento al respeto, a la educación y a la ejemplaridad, y critica sin mencionar a nadie directamente, que en la política se ha perdido ese sentido. Pero el trasfondo de este mensaje tiene toda la pinta de ser un toque de atención a los que se quedan: el PSOE, para él, es más que un ring de boxeo interno o una herramienta para aplastar a los contrincantes. Y sin embargo, lo dice sin un ápice de crítica directa, en un tono que parece más un epitafio de buenas intenciones que una denuncia directa de lo que está mal.

En cuanto a su futuro, Lobato deja claro que no es un adiós definitivo. Esto suena a ese clásico "me aparto, pero volveré cuando las aguas se calmen" que tanto se ha visto en la política. Es un paso al lado, no un paso atrás, y eso ya nos da pistas sobre que quizás estemos ante un receso más que una retirada. ¿Cuánto tardará en volver? Dependerá de cómo se resuelva el enfrentamiento que él mismo menciona.

En resumen, Lobato se va con buenas palabras, pero con muchas indirectas. Se retira con elegancia, pero deja claro que algo huele mal en las entrañas del PSOE. Una carta de dimisión que, en su superficie, habla de unidad y diálogo, pero que en sus profundidades, se lamenta de lo que su liderazgo no ha conseguido ser. Quizás lo más revelador es lo que no se dice, pero que está presente en cada frase.


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