España, rehén de su propio sistema: la hora de una reforma política integral

Pepe Rojas Molina

´Cyrano de la realidad´

viernes, 28 de diciembre de 2024

El sistema de gobernanza en España, a día de hoy, parece un castillo de naipes, sostenido por equilibrios precarios que se tambalean al menor soplido de la realidad. Cada elección trae consigo un laberinto de pactos imposibles, de alianzas anti-natura, mientras los ciudadanos asistimos a este espectáculo bochornoso, una elección tras otra, como si no tuviéramos voz ni voto realmente más representativo. El Congreso se convierte en un terreno minado por la fragmentación política, donde los partidos pequeños acaparan poder de manera desproporcionada, extorsionando la voluntad del conjunto. Si realmente queremos mejorar este sistema, si queremos que España funcione, es hora de meter mano a fondo, empezando por una reforma electoral que sea más directa, más justa y menos propensa a las trampas que hoy en día lo distorsiona todo.
Circunscripción única nacional

Ahí empieza la solución. Basta ya de favorecer a unas provincias en detrimento de otras, de otorgarles a los partidos grandes un cheque en blanco, o de dejar que los pequeños reinen sobre nosotros como si fueran gigantes. Con una única circunscripción nacional, todos los votos valdrían lo mismo, sin importar si uno vive en Madrid, en Cuenca o en Vizcaya. Todos seríamos iguales ante la urna, sin que los caprichos del sistema se interpongan en el camino de la verdadera representación.

Premio de gobernabilidad
Porque no podemos seguir siendo esclavos de esta fragmentación infernal que convierte cada investidura en un circo. La fórmula es clara: al partido más votado, se le da un premio de escaños que le permita formar gobierno sin tener que mendigar apoyos a quien sea. Y si aún así hay dudas, una segunda vuelta electoral podría garantizar que el elegido tenga el respaldo de la mayoría. Lo importante es la estabilidad, no las componendas para contentar a todos. Necesitamos un gobierno que gobierne, no que pida permiso para cada paso.

Pero no podemos olvidarnos del Senado, esa cámara olvidada y maltratada, que necesita una reforma urgente. 
Un Senado territorial, 
de verdad, que represente a las comunidades autónomas y no sea un cementerio de elefantes. Hay que darle peso y competencias, hacer que tenga un papel activo en las decisiones del país, especialmente en lo que afecta a las autonomías. Solo así podremos calmar la tensión territorial que, más allá de los pactos y acuerdos, sigue siendo la gran amenaza para la unidad de España.

La clave de todo, sin embargo, está en mejorar la cohesión territorial. Se necesita clarificar las competencias entre el Estado y las autonomías. ¿Qué es de quién? No más peleas constantes sobre quién manda aquí o allí. Y una revisión del sistema de financiación que acabe con las desigualdades fiscales que hoy privilegian a unos pocos. Esto no es una cuestión de banderas o himnos, sino de justicia y eficiencia. Necesitamos un sistema que funcione para todos los ciudadanos, no para unos cuantos privilegiados.

Finalmente, más transparencia y control democrático. Listas abiertas, para que elijamos a nuestros representantes con nombre y apellidos, no solo a partidos que luego imponen su voluntad. Y un control más estricto sobre el gasto público, porque ya está bien de corrupción y despilfarro. Si los ciudadanos tenemos que apretarnos el cinturón, lo mínimo que podemos exigir es que nuestros líderes hagan lo mismo.

En definitiva, 
si España quiere funcionar, necesitamos una cirugía de precisión en su sistema político. 
No valen los retoques superficiales. Hay que reformar el sistema electoral, estabilizar los gobiernos, fortalecer la cohesión territorial y devolverle el control a los ciudadanos. España no puede seguir siendo un Estado rehén de sus propias limitaciones. Es hora de actuar.



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