Un gobierno francés en la cuerda floja: ¿Cuánto durará el mandato de François Bayrou?

Pepe Rojas Molina

´Cyrano de la realidad´

jueves, 26 de diciembre de 2024

El nuevo gobierno francés de François Bayrou 

nace, como tantos otros en la política europea contemporánea, bajo el manto de la provisionalidad disfrazada de promesa. François Bayrou, un veterano centrista que siempre ha oscilado entre la mediación y la ambición, ha compuesto un equipo que parece más un grupo de bomberos apagando fuegos que un gabinete con una visión clara de futuro. ¿Cuánto durará este experimento político? Las apuestas están abiertas, pero en las entrañas de París ya se respira un aire de incertidumbre, y no precisamente de cambio.

Este gobierno está cargado de nombres conocidos, pero eso no lo convierte en un proyecto estable. 
Élisabeth Borne, en el área de Transporte, 
podrá seguir manejando dossiers con la frialdad tecnocrática que la caracteriza, pero su capacidad de conectar con una sociedad que grita por reformas estructurales parece limitada. Mientras tanto, 
Gérald Darmanin, al frente del Ministerio del Interior, 
representa la paradoja francesa: un país que proclama "libertad, igualdad, fraternidad" mientras endurece su discurso sobre inmigración y seguridad. Darmanin es un político hábil, pero también polarizador. Los incendios sociales que ha alimentado durante su carrera no se apagarán con promesas vacías, y menos con medidas represivas.
Rachida Dati, 
quien vuelve a Justicia, se enfrenta a un sistema judicial colapsado, desconectado de la realidad y lleno de parches. Dati, con su historia personal de superación, es una figura interesante, pero el gobierno no necesita carisma, necesita reformas urgentes. Mientras tanto, 
Bruno Retailleau, en Finanzas, 
tendrá que lidiar con una Francia que mira con escepticismo sus promesas de recuperación económica. Los franceses, ya cansados de escuchar discursos sobre crecimiento y competitividad, quieren soluciones concretas para la inflación y el desempleo, no más recetas neoliberales que parecen sacadas del manual de los años 90. Y luego está 
Manuel Valls. 
Su regreso a la política francesa es, en el mejor de los casos, anecdótico. La pregunta es: ¿qué puede aportar alguien que abandonó su país para ser rechazado en la política española? La política exterior de Francia necesita un líder con visión, y Valls parece más interesado en su propia rehabilitación personal que en forjar alianzas sólidas o defender los intereses estratégicos de Francia.

El resto del gabinete, desde 
Annie Genevard hasta Marie Barsacq, 
aporta más de lo mismo. Sí, tienen experiencia, pero ¿alguien puede señalar un proyecto de largo plazo en este gobierno? La realidad es que no hay un programa cohesivo. Este es un gobierno de transición, un parche más en la política francesa, donde 
el centrismo de Bayrou intenta sobrevivir entre los embates de la extrema izquierda y la ultraderecha.
Lo más preocupante es la ausencia de una visión clara de futuro. ¿Cómo puede este gobierno lidiar con la crisis energética que golpea a Europa? ¿Qué respuestas dará a una juventud desencantada que, o se refugia en el radicalismo político, o abandona por completo la idea de una política que les represente? ¿Cómo abordarán la fragmentación social que atraviesa a Francia, desde los barrios obreros hasta las élites urbanas? Nadie lo sabe.
La verdad es que este gobierno de François Bayrou probablemente no dure mucho. 
Está condenado a la inestabilidad, a las contradicciones internas y, sobre todo, al agotamiento de una fórmula política que ya no convence a nadie. Francia necesita un proyecto político que la saque de la parálisis, que mire hacia el futuro con claridad y ambición. Lo que tiene, sin embargo, es un gabinete que parece condenado a sobrevivir, como muchos otros antes, sin dejar huella.


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