El TSJ de Asturias confirma una condena de dos años y medios de prisión por apropiarse de 91.650,80 euros de su tía con Alzheimer

Pepe Rojas Molina
´Cyrano de la realidad´
domingo, 12 de enero de 2025
“El Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha desestimado el recurso de un hombre acusado de apropiarse del dinero de su tía enferma y confirma la condena impuesta por la Audiencia Provincial de dos años y seis meses de prisión, multa de nueve meses con una cuota diaria de cinco euros y el pago de 55.802,94 euros a los herederos de la mujer, fallecida años después. El acusado dispuso en su beneficio del dinero de esta cuenta tanto en vida de la enferma como después de su fallecimiento, mediante disposiciones de efectivo, reintegros y transferencias a su favor, cargando también compras y gastos propios. El importe del dinero extraído mediante disposiciones, reintegros y transferencias ascendió a 91.650,80 euros y el de los referidos gastos y compras propios que se efectuaban con cargo a la cuenta, a 1.952,14 euros.”Hay crímenes que no solo están escritos en las leyes, sino en el alma, en esa parte que se oscurece cuando se olvida lo humano. El Tribunal Superior de Justicia de Asturias ha pintado uno de esos cuadros que te hacen dudar de la naturaleza humana: un sobrino que, lejos de cuidar, se aprovecha del deterioro cognitivo de su tía, una anciana con Alzheimer, para saquear su patrimonio como un pirata, pero no de los mares, sino de la sangre, de su propia familia.
Con una sentencia que parece hecha de frío metal, la justicia ha confirmado la condena de dos años y seis meses de prisión para este hombre, que decidió que el dinero de su tía enferma era su botín. Desde 2012, aprovechó el Alzheimer que iba borrando la memoria de la mujer para controlar sus cuentas, y lo que era un gesto de confianza, se convirtió en una trampa para robar 91.650,80 euros, mientras su tía, sin hijos y sola, se desvanecía en su enfermedad.
El tribunal no se ha andado con rodeos: este hombre, autorizado para operar en la cuenta como cotitular, “se aprovechó de ello para disponer de un dinero ajeno” que la anciana, en su vulnerabilidad, no podía defender. Las fechas, los números, las transferencias se amontonan en la sentencia como las pruebas de una falta de humanidad que casi duele más que el propio delito.
Un delito de apropiación indebida que, aunque queda pendiente de recurso en el Tribunal Supremo, no deja de ser un espejo roto de lo que no deberíamos ser. Porque, al final, lo más valioso que robó este hombre no fueron los euros que se llevó, sino la decencia que debería haber tenido como familiar, como persona.
Y así, la justicia sigue su curso, aunque el daño ya está hecho.
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