Estiman el recurso del supervisor de un Starbucks de Palma que fue despedido por uso indebido del descuento del 50% que disfrutan los empleados



El TSJ de Illes Balears ha estimado el recurso de un supervisor de Starbucks que fue despedido por fraude y transgresión de la buena fe contractual tras una investigación interna al detectar que el volumen de descuentos de empleado aplicados en la tienda era muy elevado, tendiendo en cuenta su reciente apertura y su número de trabajadores. La Sala ordena que el Juzgado de lo Social Nº 6 de Palma dicte una nueva sentencia que exponga en forma suficiente los razonamientos de valoración de la prueba practicada.

Pepe Rojas Molina

´Cyrano de la realidad´

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lunes, 13 de enero de 2025

El juicio sobre el despido de Luis Miguel, el leal supervisor de Starbucks en Palma, tiene el aroma de esos dramas pequeños que, en el fondo, son el reflejo de un sistema donde el café no es más que la excusa para esconder las frías tripas del capitalismo moderno. Como si, entre flat whites y caramel macchiatos, lo que de verdad estuviera en juego no fuera la espuma bien batida, sino la impecable maquinaria de control que todo lo abarca, desde el código QR de los descuentos hasta el ojo que todo lo ve de los supervisores y cámaras de seguridad.

Luis Miguel, cuyo currículum rezuma el término “shift supervisor” con la misma solemnidad que si se tratara de un título nobiliario, cae en desgracia. Aquel que organizaba los turnos con precisión suiza, calculando cuántos cafés y sonrisas se podían exprimir por jornada, es acusado de haber roto el código no escrito de confianza que rige el juego. Usar el descuento del 50%, ese pequeño pedazo de gratitud corporativa, de forma indebida fue el motivo del anatema. Se podría pensar que lo peor que puedes hacer en una empresa de café es quemar la leche, pero no, lo peor es tocar el bolsillo sagrado de los beneficios.

La investigación, con la sutileza de una novela de espionaje de bajo presupuesto, desvela el escándalo: descuentos empleados a mansalva, más de los que el stock emocional del Starbucks CC Momentum podría justificar. Y ahí, entre las cámaras de seguridad y las tablas de Excel, se destapó el supuesto fraude. Un desliz casi infantil, pero en las altas esferas del café con franquicia, los errores no se miden por la gravedad de los hechos, sino por el agravio al sistema.

Lo que sigue es el desfile inevitable de normativas, boletines y rituales burocráticos. Todo envuelto en ese lenguaje seco que tiene la frialdad de un latte mal preparado. El descuento, que debía ser un gesto, casi un guiño, se convierte en un acto sagrado, protegido por sistemas y normas que sólo permiten el acceso a los más fieles, con el mismo DNI que les habilita a pertenecer al club de los que pueden comprar su propio café a mitad de precio.

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