Eibar 1 - Real Oviedo 1:
La crónica del arquero que soñó con ser Maradona
El fútbol es el único lugar donde un tipo que pasa 90 minutos atajando goles puede terminar siendo héroe por hacer uno. Ander Magunagoitia, arquero del Eibar, escribió esta tarde su nombre en esa lista de locos lindos del deporte que incluye a Rogerio Ceni, Chilavert y René Higuita. Lo hizo con un cabezazo en el 94' que dejó al Real Oviedo masticando bronca y al periodismo deportivo buscando sinónimos para "increíble".
Primer tiempo: El Oviedo que no pudo serEl partido empezó como terminó: con el Eibar apretando y el Oviedo esperando. Beñat San José, técnico armero, había metido en la cabeza de sus jugadores que Ipurua no es un estadio, es una trituradora de ambiciones. Los primeros 45 minutos fueron un monólogo con el Oviedo haciendo de figurante.
En el minuto 18 David Costas cabeceó al palo, el VAR lo anuló, y ahí empezó el karma oviedista. En el 42, Corpas rozó el poste, y en el 44, Fran Sol probó suerte, pero Escandell dijo "acá no".
El descanso llegó con la sensación de que alguien iba a pagar por tanto suspense malgastado.
Segundo tiempo: Alemao y la ilusión efímeraEl Oviedo salió del vestuario con un guión distinto: "Si no podemos tener la pelota, al menos hagamos un gol". Y vaya si lo hicieron. En el minuto 60, Alemao estampó un zurdazo en el poste. Tres minutos después, el brasileño se abrió paso como un kamikaze y empujó el 0-1. Ipurua enmudeció. Paunovic, el técnico carbayón, sonrió como quien acaba de encontrar un billete en el bolsillo de un pantalón viejo.
Pero el fútbol es una fábrica de metáforas sobre la fragilidad humana. El Oviedo, en vez de cerrar el partido, se dedicó a mirar el reloj. Y el reloj, como en las películas de Hitchcock, terminó traicionándolos.
Final del partido: Magunagoitia, o cuando la realidad supera al mito
Falta lateral en el 94'. El Eibar mandó a todos al área, incluido Magunagoitia, un tipo que la última vez que había marcado un gol Messi todavía jugaba en el Barcelona. Edu Expósito botó el balón, el esférico rebotó como una pelota de ping-pong, y el arquero, girándose como un trompo, cabeceó al ángulo.
Gol.Ipurua estalló en un éxtasis colectivo. Los jugadores del Oviedo se quedaron clavados, como si alguien les hubiera bajado los pantalones en plena calle. Magunagoitia corrió hacia la banda con los brazos abiertos, en un gesto que mezclaba incredulidad y picardía.
Los números no mienten, pero engañanEl Oviedo (5º, 55 puntos): Sigue en la pelea, pero estos dos puntos perdidos duelen más que una muela picada. El sábado reciben al Racing de Ferrol. Si no ganan, el ascenso directo empezará a oler a quimera.
El Eibar (10º, 46 puntos): Siguen invictos con Beñat San José. Ya no huyen del descenso, pero tampoco corren hacia nada.
"Esto es Ipurua. Aquí nunca se deja de creer" (Magunagoitia).El fútbol es el único espectáculo donde un arquero puede convertirse en delantero, un empate puede saber a victoria, y un periodista puede terminar escribiendo sobre filosofía existencial en una tarde de sábado. Esta tarde, en Ipurua, el Oviedo aprendió que en este deporte no basta con sufrir: hay que matar el partido. Y el Eibar recordó que, a veces, hasta los guardianes tienen derecho a soñar.
PD: Si esto hubiera pasado en el Bernabéu, ya estaríamos hablando del "gol del siglo". Pero pasó en Ipurua, así que mañana nadie lo recordará. Así es el fútbol: injusto, hermoso y perfectamente absurdo.
Aúpa Oviedo!! siempre
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