La Nada y yo
La Nada y Yo
@pepe_rojas99
´Cirano de la realidad´
Sábado, 9 de agosto de 2025
A veces, en la soledad tranquila de un día cualquiera, me asalta la pregunta inevitable: ¿qué pasará conmigo cuando muera? No me aterra el hecho de morir; sé bien que la muerte forma parte de la vida. Lo que me inquieta, más que el final en sí, es la posibilidad de un tránsito doloroso, de una enfermedad que haga sufrir a los míos y desgaste mi dignidad.
El instante que separa la vida de la muerte es mínimo, casi invisible, pero su significado es inmenso. Un segundo antes, existes. Un segundo después, ya no. Y ahí aparece, imponente, la palabra que siempre regresa: nada.
¿Será realmente así de simple? ¿Se apaga la luz y se acabó todo?
Soy agnóstico; no espero un paraíso ni un castigo eterno. Sin embargo, no descarto que el universo tenga un origen primero, una inteligencia inicial, un orden que escapa a nuestra comprensión. Y me pregunto si, al morir, la energía que me ha movido en esta vida se disolverá por completo o, de algún modo, pasará a otro plano, no como individuo, sino integrada en algo mayor.
La “nada” es un concepto extraño. Epicuro decía que no debemos temerla: mientras estamos vivos, ella no está; y cuando ella llega, nosotros ya no estamos. Séneca, por su parte, veía la muerte como un paso natural dentro del orden del cosmos. La física, más fría pero igual de implacable, recuerda que la energía no se destruye, solo se transforma.
Y sin embargo, no puedo imaginar la nada. Nuestra mente no está hecha para concebir el vacío absoluto. Incluso cuando pienso en mi inexistencia, lo hago desde la existencia. Tal vez por eso me cuesta aceptar que mi ser, mi conciencia, pueda desvanecerse sin dejar huella.
A veces miro hacia atrás, hacia el tiempo antes de nacer. Durante millones de años no existí, y no lo sentí como pérdida. Tal vez la muerte sea un regreso a ese estado, un descanso sin conciencia, sin dolor. O tal vez —y aquí me dejo arrastrar por la intuición más que por la razón— exista algo más, un plano desconocido donde lo que ahora soy se funda con otras energías, como gotas que regresan al mar.
Sea como sea, la nada no deja de ser, para mí, un misterio. Un lugar —o una ausencia de lugar— que me atrae y me inquieta al mismo tiempo. Y quizás, cuando llegue mi hora, no sea un final, sino simplemente otro cambio, como tantos que ya he vivido.
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