La dualidad de mi "Yo"

 La Dualidad de mi "Yo"


@pepe_rojas99

´Cyrano de la realidad´


martes, 14 de octubre de 2025


Existe en mí una fractura esencial, una dualidad que define todo lo que soy y todo lo que aspiro a ser. Por un lado, se alza mi "Yo" fugaz y aparente. Es el sujeto que habla, el que actúa en el mundo cotidiano. Este es el "yo" mortal, terrenal, cargado de los defectos que me constituyen: es el que habla sin medir las palabras, el que odia con una pasión ciega y destructiva. Es la máscara que se desgasta con el tiempo, la identidad limitada por un cuerpo y un lugar, el que está condenado a morir.

Frente a ése “yo”, caminando en una dimensión paralela a la mía, se encuentra mi "yo" eterno y esencial. No es un "yo", sino un "Tú" interno, una segunda persona silenciosa. Es una sombra o un doble que avanza a mi lado sin que yo pueda verlo, una presencia constante que solo intuyo. Esta esencia pura es la conciencia más elevada, lo que Carl Jung denominaría el "sí mismo". Es la versión ideal, el arquetipo de lo que en el fondo soy.

Esta oposición se manifiesta en cada instante de mi existencia. Mi "yo" fugaz, el ego, es el que habla impulsiva y superficialmente, enredándose en la urdimbre de lo trivial. Frente a él, ese otro “yo” esencial calla, sereno, observando el torrente con una paciencia infinita. Mientras el "yo exterior" odia, quemándose en la hoguera de su propio resentimiento, el "yo interior" perdona, con una dulzura que parece emanar de una fuente inagotable de paz.

Mi "yo" consciente está anclado, limitado a las coordenadas de un aquí y un ahora. Sin embargo, el "yo" interior transciende esas barreras; pasea por lugares donde yo no estoy, habita en los recuerdos que he olvidado y en los sueños que aún no he soñado. Es el testigo incorpóreo de toda mi vida.

Y he aquí la verdad más profunda: el "yo" que escribe estas palabras es caduco, perecedero. Está destinado a desvanecerse. Pero el "yo interior"… es el que quedará en pie. Es la parte de mí que no muere con la carne, la esencia que permanecerá cuando el cuerpo físico se haya convertido en polvo.

Este "Yo" eterno no es solo una entidad pasiva; es mi brújula moral y estética. Es la voz callada que susurra el camino correcto, la inspiración que busca la belleza en medio del caos. Representa la versión mejorada de mí, la conciencia tranquila, la paz interior y la sabiduría que mi "yo" consciente a menudo ignora en el fragor de la batalla diaria. Es, en definitiva, la sombra de mi propia perfección, el testigo silencioso que, desde su eternidad, observa con compasión el tránsito efímero de mi ser.

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