Siria: La cuna de la civilización convertida en campo de batalla
Siria: La cuna de la civilización convertida en campo de batalla
martes, 23 de septiembre de 2025
La historia de Siria es fundamental para entender no solo Oriente Próximo, sino también las dinámicas geopolíticas globales. Es una tierra donde se forjaron imperios, religiones y conflictos.
Damasco huele a jazmín y a historia. En sus callejuelas, donde San Pablo encontró la luz, se respira el peso de los siglos. Siria no es un país; es un estrato de civilizaciones, un cruce de caminos donde cada imperio ha dejado su cicatriz y cada profeta su eco. Hoy, esa tierra gloriosa es un campo de ruinas y un tablero donde se juega el destino de la región.
Siria es una de las cunas de la humanidad. Por su territorio pasaron cronológicamente y en él se quedaron:
Los cananeos y fenicios, que fundaron prósperas ciudades-estado como Ugarit y Ebla, y nos dieron el alfabeto. Situados en la Edad de Bronce (c.3000-500 a.C.)
Imperios mesopotámicos como el asirio y el babilonio (c.1000-539 a.C.)
El Imperio Persa, que la convirtió en una satrapía clave (539-332 a.C.)
Alejandro Magno, que la helenizó (la ciudad de Alepo lleva su nombre). (332-64 a.C.)
El Imperio Romano convirtió a Siria en una de sus provincias (64 a.C.-395 d.C.)
El imperio Bizantino, que la dotaron de magníficas ciudades como Palmira y Apamea. (395-636 d.C.)
La conquista árabe-islámica (a partir del s. VII d.C.) fue definitiva. Damasco se convirtió en la capital del Califato Omeya, el primer gran imperio islámico, que se extendió desde España hasta la India. Aquí, Siria forjó su identidad árabe e islámica, que perdura hasta hoy.
Imperio Otomano (1516-1918). Los turcos otomanos conquistaron la región y la gobernaron durante 400 años.
Primera Guerra Mundial y mandato francés (1918-1946). La derrota otomana en la Gran Guerra llevó a la ocupación francesa y al trazo artificial de las fronteras modernas de Siria.
Independencia (1946) y régimen de los asad (1970-actualidad). Siria surge como Estado-nación independiente, culminando en el largo gobierno del partido Baaz y la familia Asad.
HISTORIA DE SIRIA EN LA BIBLIA
En la biblia hebrea (Antiguo Testamento), la Siria antigua casi siempre se llama Aram. Su capital era Damasco, una ciudad de enorme importancia. Los habitantes eran los arameos, y su lengua, el arameo, se convirtió más tarde en la lengua franca de la región y probablemente la lengua que hablaba Jesús.
En el periodo de los Patriarcas (Génesis), en tiempos de Abraham, su viaje desde Ur de lo caldeo a Canaán pasa por la región de Aram-Naharaim, asociada con la zona del río Éufrates en Siria. Allí, en la ciudad de Harán, se estableció su familia.
Isaac y Jacob: Rebeca, la esposa de Isaac, y Raquel y Lea, la esposas de Jacob, eran de la familia de Abraham en Padán-Aram (una región de Siria). Jacob pasó 20 años allí trabajando para su suegro Labán. Por esto, la biblia se refiere a los israelitas como “un arameo errante fue mi padre” /Deuteronomia 26:5), refiriéndose a Jacob.
Una vez se establecieron los reinos de Israel y Judá, Aram-Damasco se convirtió en su principal rival geopolítico. Fue una relación de guerras constantes y alianzas temporales.
Los reyes de Aram (a menudo llamados "reyes de Siria" en algunas traducciones) lucharon frecuentemente contra los reyes de Israel (el reino del norte). La ciudad de Damasco era el centro del poder. Como figuras clave:
Ben-Adad: Es el título de varios reyes de Aram que sitiaron Samaria (la capital de Israel).
Naamán: Un general arameo muy importante, pero que padecía lepra. La historia en 2 Reyes 5 es famosa: siguiendo el consejo de una esclava israelita, viaja al profeta Eliseo en Israel y es curado milagrosamente, reconociendo al Dios de Israel.
Hazael: Otro rey arameo que se apoderó del trono tras asesinar a Ben-Adad y se convirtió en un azote para Israel, tal como había profetizado el profeta Eliseo.
En los Profetas (Isaías, Jeremías, Amós, etc), menciona la biblia a Siria/Aram frecuentemente, casi siempre para anunciar juicios de dios por su idolatría y su constante hostilidad hacia el pueblo de Israel. En Isaías 7, relata que el rey Rezín se alía con el rey de Israel Pekah para atacar judá. El profeta Isaías le dice al rey Acaz de Judá que no tema, y le da la famosa profecía del nacimiento de Emanuel. En amós 1, el profeta anuncia el juicio de dios contra Damasco: “Por tres pecados de Damasco, y por el cuarto, no revocaré su castigo…”. En el periodo del Nuevo Testamento, para la época de Jesús, la región ya era conocida como la provincia romana de Siria. Jesús, en compañía de los Apóstoles, visitó la región de tiro y sidón (ciudades fenicias en la costa del líbano moderno, entonces parte de Siria, donde realizó milagros, como la sanación de la hija de la mujer sirofenicia (Marcos 7:24-30). El apóstol Pablo se convirtió camino a Damasco, y después de su conversión, comenzó su ministerio en Arabia (probablemente la región nabatea al sur de Damasco) y luego regresó a Damasco (Gálatas 1:17). Fue en Antioquía de Siria, una de las ciudades más importantes del imperio, donde por primera vez a los seguidores de Jesús se les llamó “cristianos” (Hechos 11:26).
En resumen, Siria es la tierra de los antepasados de las matriarcas de Israel: Rebeca, Raquel y Leal. Durante la monarquía, el reino de Aram-Damasco fue el adversario más persistente de los reinos de Israel y Judá. La provincia romana de Siria es el contexto geopolítico de los evangelios y el lugar clave (Antioquía) desde donde se lanzó la misión a los gentiles (todas las personas que no eran judías) con Pablo.
En definitiva, no se puede entender la historia de bíblica de Israel sin su constante interacción, tanto familiar como bélica, con la siria antigua (Aram)
LA HERENCIA DEL COLONIALISMO. FRONTERAS MODERNAS
La Siria moderna es un invento del siglo XX. Durante 400 años fue parte del Imperio Otomano. Tras su derrota en la Primera Guerra Mundial (1918), los vencedores (francos y británicos) se repartieron el botín.
El Acuerdo Sykes-Picot (1916): Este tratado secreto entre Francia y Reino Unido trazó a regla las fronteras actuales de Oriente Próximo, sin importar las realidades tribales, étnicas o religiosas. Siria quedó bajo la esfera de influencia francesa.
El Mandato Francés (1920-1946): Francia creó el Estado de El Gran Líbano, separando la costa y Beirut de Siria, un acto que los nacionalistas sirios nunca perdonaron. Gobernó con división, alimentando tensiones entre alauitas, drusos, suníes y cristianos.
Independencia (1946): Tras una ardua lucha, Siria se independizó, pero heredó unas fronteras artificiales que nunca sintió como propias. Para los nacionalistas árabes sirios, la "Gran Siria" (Bilad al-Sham) incluía Líbano, Jordania, Israel y Palestina.
III. El Régimen Asad y el Pivote Regional
La historia moderna de Siria está marcada por el Partido Baaz (socialista, panarabista y secular) y la familia Asad.
Hafez al-Asad (1970-2000): Este general alauí (una rama del islam chií) tomó el poder en un "golpe correctivo". Impuso una férrea estabilidad mediante una policía secreta omnipresente (la Mukhabarat) y un complejo sistema de poder que favorecía a la minoría alauí en la cúspide del estado. Su régimen se convirtió en un pilar del "Eje de la Resistencia", patrocinado por la Unión Soviética y, luego, por Rusia e Irán, frente a Israel y Occidente.
Bashar al-Asad (2000-act.): Oftalmólogo educado en Londres, heredó el poder tras la muerte de su padre. Prometió primaveras de reforma que nunca llegaron. En 2011, las protestas pacíficas inspiradas por la Primavera Árabe fueron reprimidas con una brutalidad extrema, desatando una guerra civil que, alimentada por potencias extranjeras, ha dejado cientos de miles de muertos, millones de refugiados y el país en ruinas.
IV. Siria y sus Vecinos: Un Nudo de Conflictos
Siria es el epicentro de todas las tensiones regionales. Su relación con cada vecino es un capítulo de un mismo conflicto:
Con Líbano: Una relación de dominio y vasallaje. Siria consideró siempre al Líbano como una provincia natural separatista. Ocupó militarmente el país durante 29 años (1976-2005) y sigue ejerciendo una enorme influencia a través de su aliado Hezbolá, que actúa como su brazo armado. La guerra en Siria se libró también en territorio libanés.
Con Israel: El estado de guerra es permanente. Siria perdió los Altos del Golán en la Guerra de los Seis Días (1967) y nunca los ha recuperado. Es una herida abierta. Siria ha sido durante décadas una ruta crucial para el armamento iraní dirigido a Hezbolá y Hamas. Israel ha llevado a cabo cientos de bombardeos en suelo sirio para impedir el fortalecimiento de su archienemigo, Irán, en sus fronteras.
Con Turquía: De la amistad a la enemistad. El presidente turco Erdogan fue primero aliado de Bashar al-Asad, pero se volvió contra él por la represión. Turquía apoya a la oposición siria, ocupa militarmente franjas del norte de Siria y teme por encima de todo el ascenso de autonomía de los kurdos sirios (vinculados al PKK turco), a quienes combate dentro de Siria.
Con Jordania: Una relación tensa pero pragmática. Jordania, con el apoyo de Occidente, teme la expansión de la influencia iraní y el terrorismo yihadista desde Siria. Ha acogido a cientos de miles de refugiados sirios, una carga enorme para su frágil economía, y sirve como base trasera para la inteligencia occidental.
Con Palestina: Siria ha sido históricamente un patrocinador clave de grupos palestinos como el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y Hamas (aunque esta relación se enfrió durante la guerra civil). Acoge a cientos de miles de refugiados palestinos. Utiliza la "causa palestina" como un pilar fundamental de su narrativa de "resistencia" contra Israel.
V. Conclusión: El País Fracturado
Hoy, Siria está partida en pedazos:
Un régimen controlado por Asad, sostenido por Rusia e Irán, que ocupa la mayor parte del territorio.
Un enclave kurdo autónomo en el noreste, protegido por Estados Unidos.
Una provincia rebelde en el noroeste (Idlib), último bastión de la oposición, dominada por grupos yihadistas.
Zonas de influencia turca e israelí en las fronteras.
Siria es el ejemplo perfecto de cómo las heridas del colonialismo, las ambiciones de regímenes autoritarios, los conflictos sectarios y la intervención de potencias extranjeras pueden convertir la cuna de la civilización en un infierno terrenal. Su futuro no se decidirá en Damasco, sino en Moscú, Teherán, Washington y Ankara. La piedra angular de Oriente Próximo sigue siendo, también, su piedra de tropiezo.
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