El hombre que incendió 99 hectáreas del monte Naranco de Oviedo en 2023 acepta ocho años de prisión
El hombre que incendió 99 hectáreas del monte Naranco de Oviedo en 2023 acepta ocho años de prisión
jueves, 20 de noviembre de 2025
El 31 de marzo de 2023, un hombre de 45 años —de sobra conocido en la zona por su historial como pirómano— provocó un incendio forestal en el monte Naranco, una montaña casi pegada a Oviedo. El fuego se inició a las tres de la madrugada en una zona de chalés y urbanizaciones, poniendo en riesgo directo a decenas de vecinos. Ardieron alrededor de 50 hectáreas de monte bajo y pinar, el equivalente a unos 70 campos de fútbol, y el humo llegó a invadir varios barrios de la ciudad, forzando evacuaciones preventivas.
No era su primer delito. Arrastraba al menos cinco incendios intencionados previos desde 2018, todos por piromanía —el impulso compulsivo de provocar fuego—. En uno de ellos, en 2021, ya había sido condenado a trabajos en beneficio de la comunidad, pero reincidió casi de inmediato.
La Guardia Civil lo identificó gracias a testigos, cámaras de vigilancia y a su patrón repetitivo: siempre actuaba de madrugada, con mecheros y acelerantes caseros. No había móviles económicos ni personales; era puro impulso.
La Audiencia Provincial de Oviedo, en sentencia del 17 de noviembre de 2025, lo ha condenado a 8 años de prisión por un delito de incendio forestal intencionado (art. 353 CP), agravado por la proximidad a viviendas y el serio peligro para la vida humana. Es, de hecho, la pena máxima posible sin víctimas mortales.
Además, deberá abonar más de 150.000 euros al Principado de Asturias por los costes de extinción, repoblación y daños ecológicos, y 10.000 euros adicionales a los vecinos afectados por evacuaciones y perjuicios sufridos.
La sentencia no se queda ahí. Se le impone también un seguimiento psiquiátrico obligatorio durante cinco años tras su salida de prisión, con tratamiento específico para la piromanía —reconocida como trastorno en el DSM-5—. Durante diez años no podrá acercarse a menos de 500 metros de zonas forestales de Asturias ni poseer mecheros o sustancias inflamables.
El juez subraya que «no estamos ante un simple vándalo, sino ante un peligro público reiterado». La resolución aplica la reforma del Código Penal de 2022, que endurece las penas en incendios con riesgo vital, ampliándolas hasta los diez años.
El contexto no ayuda: los dos últimos años han sido de récord histórico de incendios —más de 500.000 hectáreas quemadas en 2024 según el MAGRAMA—, y Asturias está entre las regiones más castigadas, con el 20% de sus montes en riesgo. Por eso esta sentencia se considera “ejemplar”: combina castigo penal con rehabilitación y responde a la presión social para frenar a reincidentes que, en la práctica, salen demasiado barato a la sociedad.
La Fiscalía y el Principado han celebrado el fallo. En redes, como siempre, hay división: para unos, es justicia tardía; para otros, ocho años siguen pareciendo escasos para quien reduce un monte entero a cenizas. En este caso no hay lectura política, al contrario de otros debates donde se mezcla todo, desde inundaciones hasta acusaciones de “gobierno pirómano”.
Sea como sea, los pirómanos son un problema gravísimo: generan daño económico, ecológico y social a niveles comparables al de otros delincuentes especialmente destructivos. Esta sentencia deja claro que la tolerancia se ha agotado y que el coste penal para quien reincide en este tipo de delitos va a ser, a partir de ahora, cada vez más alto. De lo que todos nos alegramos.
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