Calma en acuarela

lunes, 23 de febrero de 2026

Como bien dice el título de este artículo, la “sumial” es una forma de describir un poco poética que la tranquilidad o el alivio se presenta de forma suave, difusa, sin aristas duras…como cuando ves una pintura hecha con acuarela, que no tiene líneas rígidas ni colores bruscos; todo se mezcla, se diluye, se vuelve más ligero. Por eso, al unirlo con “calma” sugiere una tranquilidad que no es brusca ni artificial, sino progresiva, casi imperceptible, como si se fuera extendiendo poco a poco.

Así es la pastilla “SUMIAL”, no actúa como un golpe seco, sino con calma va entrando despacio, como si se deshiciera en el cuerpo igual que el color en el agua.

Sumial es, en realidad, un nombre que suena casi familiar, como si fuera un viejo conocido, pero detrás de esa palabra hay algo muy concreto: el propranolol, un medicamento de los llamados betabloqueantes. Dicho de forma sencilla, es una especie de “freno químico” que actúa sobre el cuerpo cuando éste se acelera más de la cuenta. Se presenta en pastillas —normalmente de 10 o 40 miligramos—, discretas por fuera, pero con bastante efecto por dentro.

Oficialmente, no nació para calmar nervios ni para dar seguridad en público. Su terreno natural es el corazón y la circulación: se utiliza para controlar la tensión alta, aliviar la angina de pecho, ordenar los latidos cuando se descompasan, prevenir las migrañas o reducir ciertos temblores. Es decir, su misión original es poner orden donde el cuerpo se desboca, como un guardia que baja la voz en una sala demasiado ruidosa.

Sin embargo, con el paso del tiempo, este medicamento ha encontrado un camino paralelo, casi silencioso, fuera de lo estrictamente médico. Se ha convertido en lo que muchos llaman “la pastilla de la confianza”, un curioso oxímoron: una ayuda externa para aparentar seguridad interna. Actores, políticos, estudiantes o cualquiera que tenga que enfrentarse a una situación que impone —un discurso, un examen, una presentación— han visto en él un aliado inesperado.

¿Y qué hace realmente? No calma la mente, no elimina los pensamientos, no borra el miedo. El miedo sigue ahí, intacto, como un ruido de fondo. Pero lo que sí hace es silenciar el cuerpo. Baja las pulsaciones, reduce el temblor, seca el sudor. Es como si el cuerpo dejara de delatar lo que uno siente por dentro. Una calma tensa, podríamos decir: por dentro hay nervios, pero por fuera parece que todo está bajo control.

Por eso muchos lo perciben como una ayuda eficaz en momentos puntuales. Tomado con cierta antelación, puede hacer que una exposición o una intervención pública resulte más llevadera. No te convierte en otra persona, pero evita que los síntomas físicos te traicionen. Y eso, en determinadas situaciones, puede marcar la diferencia entre bloquearse o salir adelante.

Ahora bien, conviene no engañarse. No es una solución mágica ni debería convertirse en un hábito. No crea dependencia física como otros fármacos más fuertes, pero puede generar algo más sutil: la sensación de que uno solo rinde bien con ayuda externa. Y ahí empieza una dependencia silenciosa, casi invisible, que no se nota al principio, pero que puede ir calando.

Además, como todo medicamento, no es inocuo. Puede provocar cansancio, mareos o bajadas de tensión, y no es adecuado para todo el mundo —por ejemplo, personas con asma o ciertos problemas cardíacos deben evitarlo—. Por eso no es algo para tomar por cuenta propia, como quien se toma un café antes de salir de casa.

En el fondo, Sumial representa bien una contradicción muy humana: queremos sentirnos seguros sin atravesar la inseguridad. Buscamos una tranquilidad inmediata que, en realidad, es prestada. Y aunque a veces pueda servir como apoyo puntual, la verdadera confianza no viene de una pastilla, sino de enfrentarse poco a poco a aquello que nos inquieta.

Porque al final, el valor no es la ausencia de nervios, sino aprender a caminar con ellos sin que nos paralicen. Y eso, por mucho que avancemos, sigue siendo un aprendizaje que ninguna pastilla puede sustituir.

Que cada uno se automedique como quiera. La dependencia viene después.


Comentarios

Entradas populares de este blog

PRIEGO DE CÓRDOBA, UN RECORRIDO POR SU HISTORIA Y SU ALMA