PSICOLOGÍA
El duelo de la madre y la conquista de la nuera: dos formas de amar al mismo hombre
Es un tema muy agudo y recurrente el choque suegra-nuera que no es un simple conflicto de personalidades, sino un fenómeno con raíces profundas en la psicología femenina, la evolución de los roles familiares y la estructura emocional del vínculo madre-hijo.
Vamos a desglosarlo desde varias capas psicológicas, evitando simplificaciones (“son celos”) y entendiendo la dinámica sistémica que mencionas, con el hombre en el centro como bisagra.
1. El hijo como “puente” entre dos sistemas de apego
Desde la psicología del desarrollo, la madre ha sido históricamente la principal figura de apego del hijo. Ese vínculo se construye desde la dependencia absoluta y se transforma, pero nunca desaparece. Cuando el hijo se casa, la madre experimenta una pérdida simbólica de centralidad: ya no es la mujer más importante en la vida emocional y cotidiana de su hijo.
La nuera, por su parte, entra con su propio modelo de apego, su propia historia familiar y sus expectativas sobre el matrimonio. Para ella, el marido es ahora su principal vínculo de seguridad (especialmente en culturas donde el matrimonio desplaza a la familia de origen). Ambas mujeres necesitan al mismo hombre para sentirse seguras en sus roles, pero desde lógicas distintas: la madre desde la historia y la lealtad filial; la nuera desde la intimidad y el proyecto de futuro.
2. El choque de dos sistemas de normas y afectos
La madre suele operar con un código relacional de cuidado y deferencia: “Yo lo crié, sé lo que necesita, he sacrificado por él”. La nuera, en cambio, maneja un código de reciprocidad conyugal: “Somos un equipo, tomamos decisiones juntos, yo soy su prioridad ahora”.
Cuando no hay acuerdos explícitos, cualquier gesto cotidiano se vuelve un campo de batalla simbólico:
¿Quién decide cómo se cocina, cómo se limpia, cómo se celebran las fiestas?
¿Quién tiene derecho a darle consejos al hijo/marido?
¿El hijo debe llamar a su madre todos los días? ¿Eso es cercanía o intromisión?
La nuera percibe la intervención de la suegra como invasión; la suegra percibe el distanciamiento de la nuera como rechazo.
3. La trampa del “hombre en medio”
Aquí está el punto clave que señalas: el hijo/marido queda atrapado entre dos lealtades. Y su comportamiento suele empeorar el conflicto porque:
Si se alinea con la madre, la nuera se siente traicionada y secundaria.
Si se alinea con la nuera, la madre vive un duelo no elaborado y puede volverse más invasiva o victimista.
Si intenta no meterse (falsa neutralidad), ambas mujeres se sienten abandonadas y compiten más ferozmente por su atención.
Desde la teoría de los sistemas familiares (Murray Bowen), esto es un triángulo emocional perfecto: la tensión entre dos personas (suegra-nuera) se estabiliza desviando la ansiedad hacia una tercera (el hombre), que a su vez reacciona desde su propia historia de lealtades.
4. Factores que agravan o alivian el choque
Agravan:
Cuando la madre no tiene una vida emocional plena fuera de su rol materno (viudez, matrimonio insatisfactorio, baja autoestima).
Cuando la nuera percibe a la suegra como una competidora por el poder doméstico (especialmente si viven en la misma casa o muy cerca).
Cuando el hombre fue “el hijo dorado” o “el único hijo varón” (presión simbólica más alta).
En culturas con fuertes expectativas de cuidado filial hacia los padres.
Alivian:
Que la madre haya elaborado su propia separación de su suegra (modelo de identificación).
Que la nuera no busque reemplazar a la madre, sino construir un rol distinto.
Que el hombre sepa poner límites sin agresividad y sin abandonar afecto hacia su madre.
La existencia de rituales claros de autonomía (vivir separados, horarios, decisiones económicas compartidas solo entre la pareja).
5. Un matiz importante: no es “odio entre mujeres”
A veces se reduce a “las mujeres son más conflictivas entre ellas”, pero eso es un sesgo de género. Lo que ocurre es que el sistema patriarcal tradicional ha delegado en las mujeres la gestión de las emociones y el cuidado familiar, mientras los hombres han podido ocupar un rol más periférico en lo doméstico. Así, cuando dos mujeres (suegra y nuera) se disputan la influencia sobre el mismo hombre, están peleando por el escaso poder emocional que el sistema les concede: el poder de ser “la mujer más importante” en la vida de ese varón.
Cuando ese mismo conflicto ocurre entre suegro y yerno (por ejemplo, por decisiones económicas o de autoridad), se llama “rivalidad” y se normaliza más. Cuando ocurre entre mujeres, se patologiza como “celos” o “maltrato”.
En síntesis
El choque suegra-nuera no es inevitable, pero sí es estructural en muchas culturas porque se activa un conflicto de territorio emocional donde:
La madre defiende su historia y su lugar simbólico.
La nuera defiende su intimidad y su nuevo sistema de lealtad.
El hombre, si no interviene con claridad, se convierte en el premio de una lucha que él mismo puede desactivar reconociendo ambas lealtades sin confundirlas.
Las mejores relaciones suegra-nuera ocurren cuando ambas aceptan que no son madre e hija, sino dos mujeres que aman al mismo hombre, pero desde tiempos y espacios distintos. Y que el amor no se divide, se transforma.
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