CUENTOS y FÁBULAS

El secreto del buen amador

Merlín, el viejo hechicero de los bosques de Broceliande, te habla:

Acércate, joven aspirante. Apoya tu mano sobre esta piedra antigua que aún guarda el calor del dragón dormido. Voy a mostrarte una visión en el agua del caldero, porque lo que el psicólogo Erich Fromm vio con ojos de mortal, yo lo he contemplado durante siglos con ojos que ya han visto nacer y morir reinos enteros.

Mira…

En un reino lejano, un joven caballero llamado Galván el Ansioso cabalgaba de castillo en castillo buscando a la Dama Perfecta.

«¡Cuando la encuentre —decía—, mi corazón por fin latirá como debe!»

Llevaba un pergamino donde había anotado todas las cualidades que ella debía poseer: cabellos como hilos de oro, voz de arpa, virtud inquebrantable, inteligencia aguda y, sobre todo, que lo amara tal como él era.

Pasaban los años y ninguna dama era suficiente. Siempre faltaba algo. Y Galván se lamentaba amargamente:

— ¡Es tan difícil encontrar a la persona adecuada!

Entonces, una noche, aparecí yo ante él bajo la forma de un anciano encapuchado.

— Galván —le dije—, has pasado diez años buscando el objeto perfecto para tu amor. Dime, ¿cuántos años has pasado forjando tu propia capacidad de amar?

El caballero me miró desconcertado.

— ¿Forjar? El amor no se forja, viejo. El amor simplemente… sucede. Cuando llegue la correcta, todo fluirá como por arte de magia.

Sonreí con esa sonrisa que asusta a los reyes.

— Ah, ahí está el gran engaño. Crees que amar es tan sencillo como respirar, y que lo difícil es hallar a quien merezca tu aliento. Pero amar es el más complejo de los hechizos. Requiere disciplina, conocimiento de las sombras del alma, paciencia alquímica y, sobre todo, transformación del que ama.

Le mostré entonces mi bastón:

— Imagina que quieres lanzar el más poderoso hechizo de luz. ¿Pasarás tu vida buscando el bastón perfecto… o aprenderás a ser un mago tan diestro que hasta una rama seca pueda canalizar el poder del universo?

El amor verdadero no es encontrar a alguien que te complete.

Es convertirte en alguien capaz de amar sin devorar, sin poseer, sin exigir que el otro sea tu poción mágica de la eterna felicidad.

La gran verdad que Fromm y yo compartimos es esta:

El amor no es un sentimiento que te cae encima como un rayo.

Es un arte.

Y como todo arte verdadero, exige que el artista se forje primero a sí mismo.

Quién no ha aprendido a estar solo sin desesperarse,

quién no ha enfrentado sus propias sombras,

quien todavía ama desde el hambre y no desde la abundancia,

…ese jamás amará bien, aunque encuentre a la criatura más perfecta del reino.

Ahora dime, joven que me escuchas:

¿Cuántos años llevas buscando a la persona adecuada?

¿Y cuántos has dedicado seriamente a convertirte en un buen amador?

Toma el caldero. Mira tu propio reflejo en el agua.

Ahí está el verdadero trabajo.

Y cuando hayas avanzado en ese arte…

entonces, quizás, el bosque te regale un encuentro que no sea otro espejismo.

Porque el mayor hechizo no es atraer al ser amado.

Es convertirte en alguien capaz de amar de verdad.

¿Estás listo para comenzar el verdadero entrenamiento, aprendiz?


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