Condenado por maltrato tras lanzar un móvil a su pareja en una disputa doméstica
Pepe Rojas Molina
´Liberado, crítico de la realidad´
5 de noviembre de 2024
El 25 de octubre de 2024, en una casa cualquiera de Teruel,el hogar se transformó en campo de batalla.
El protagonista, D. José M. M., discutía acaloradamente con su pareja, Dña. M., cuando la tensión escaló a un terreno más peligroso que el de las palabras. Empujones, un móvil que voló con la furia que otorgan los sentimientos heridos, y una frase que heló la sangre de su compañera: "No tienes escapatoria".
El móvil, aunque no impactó, volaba con la clara intención de marcar territorio en esa disputa doméstica.En la fría narrativa legal, estos hechos se califican como "maltrato de obra sin lesión", un delito que el Código Penal acoge bajo su manto protector del artículo 153.1. Pero más allá de los tecnicismos, este suceso no es más que otro episodio triste y oscuro de una historia que se repite en demasiados hogares:
una relación rota, el respeto extinguido, y el intento torpe de imponer control mediante la fuerza física, aunque esta no haya dejado marcas visibles.D. José M. M. no ha negado los hechos. Conformidad plena. Ya todo estaba dicho y decidido cuando las partes, Fiscalía y defensa, alcanzaron un acuerdo. El juicio apenas tuvo el peso de un formalismo: sentencia rápida, con el acusado aceptando las consecuencias. No hubo recurso ni réplica.
El martillo del juez, Jerónimo Cano de Lasala, cayó con decisión: cuarenta días de trabajos en beneficio de la comunidad, un año y cuatro meses sin armas, y, lo más importante para Dña. M., una orden de alejamiento de 200 metros durante los próximos ocho meses.
Ocho meses que podrían ser la eternidad o apenas un respiro, todo depende de lo que cada uno haga con ese espacio en el tiempo.
Este caso se resolverá en las páginas de los expedientes judiciales, pero en el trasfondo quedan las cicatrices emocionales. El teléfono no golpeó físicamente, pero los daños que no se ven a simple vista suelen ser los más profundos.
Este caso se resolverá en las páginas de los expedientes judiciales, pero en el trasfondo quedan las cicatrices emocionales. El teléfono no golpeó físicamente, pero los daños que no se ven a simple vista suelen ser los más profundos.
Esta historia, sin nombres ni apellidos conocidos más allá de las siglas, es la historia de una relación que naufragó
y de una justicia que, si bien castiga el maltrato, no puede sanar el daño hecho en el corazón de quienes han vivido el infierno de la violencia doméstica.
Comentarios
Publicar un comentario