El Tribunal Supremo fija que los bares no tienen que pagar impuesto de transmisiones patrimoniales onerosas por las terrazas que tienen en la calle
La sentencia, cargada de sentido común, desmonta el argumento de la Agencia Tributaria de Cataluña, que pretendía hacer pasar estas autorizaciones como si fueran concesiones administrativas equivalentes a una transacción patrimonial. Según la Generalitat, si un bar coloca mesas en la calle, tendría que pagar este impuesto como si estuviera adquiriendo un bien. Pero el Supremo lo ha dejado claro: las terrazas no son concesiones permanentes ni constituyen una compra o venta de derechos patrimoniales. A lo sumo, son un aprovechamiento especial del espacio público, algo que ya se grava con las tasas municipales que todos los hosteleros conocen bien.
Esta resolución no solo tumba el recurso de la Generalitat contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, sino que sienta un precedente que tendrá repercusiones en toda España. Porque lo que aquí está en juego no es solo un impuesto más o menos, es el principio de no cargar a los ciudadanos –y en este caso, a los sufridos bares y restaurantes– con impuestos injustificados que asfixian a sectores que ya de por sí llevan años sobreviviendo a duras penas entre crisis y restricciones.
La Generalitat, que a menudo se queja de falta de recursos, debería tomar nota de que los impuestos no son la panacea para cuadrar cuentas. En este caso, se ha topado con una pared: la justicia ha hablado, y ha hablado en favor del sentido común.
MORALEJA
No todo lo que brilla es oro para el fisco. Intentar exprimir a los ciudadanos o a los pequeños negocios con impuestos que no corresponden solo genera más tensión y rechazo. La justicia, en este caso, ha actuado como un freno necesario ante el exceso recaudatorio, recordando que las normas no pueden ser manipuladas a conveniencia para llenar las arcas públicas, y luego vaciarlas en gastos innecesarios y ostentosos. A veces, el afán por obtener más ingresos nos hace olvidar el equilibrio entre lo que es justo y lo que es abusivo.
La Sala desestima el recurso de la Generalitat contra una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña
@pepe_rojas99
´Cyrano de la realidad´
martes, 21 de enero de 2025
Lo que ha dictaminado el Tribunal Supremo es una auténtica bofetada judicial a las pretensiones de la Generalitat de Catalunya, que en su afán recaudatorio intentaba meter las terrazas de bares y restaurantes en el saco del Impuesto sobre Transmisiones Patrimoniales Onerosas. Y no, el Supremo ha dicho alto y claro que el simple hecho de instalar una terraza en la vía pública, con la correspondiente autorización del Ayuntamiento, no es suficiente para considerar que hay un "desplazamiento patrimonial" que justifique dicho impuesto.La sentencia, cargada de sentido común, desmonta el argumento de la Agencia Tributaria de Cataluña, que pretendía hacer pasar estas autorizaciones como si fueran concesiones administrativas equivalentes a una transacción patrimonial. Según la Generalitat, si un bar coloca mesas en la calle, tendría que pagar este impuesto como si estuviera adquiriendo un bien. Pero el Supremo lo ha dejado claro: las terrazas no son concesiones permanentes ni constituyen una compra o venta de derechos patrimoniales. A lo sumo, son un aprovechamiento especial del espacio público, algo que ya se grava con las tasas municipales que todos los hosteleros conocen bien.
Esta resolución no solo tumba el recurso de la Generalitat contra la sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña, sino que sienta un precedente que tendrá repercusiones en toda España. Porque lo que aquí está en juego no es solo un impuesto más o menos, es el principio de no cargar a los ciudadanos –y en este caso, a los sufridos bares y restaurantes– con impuestos injustificados que asfixian a sectores que ya de por sí llevan años sobreviviendo a duras penas entre crisis y restricciones.
La Generalitat, que a menudo se queja de falta de recursos, debería tomar nota de que los impuestos no son la panacea para cuadrar cuentas. En este caso, se ha topado con una pared: la justicia ha hablado, y ha hablado en favor del sentido común.
MORALEJA
No todo lo que brilla es oro para el fisco. Intentar exprimir a los ciudadanos o a los pequeños negocios con impuestos que no corresponden solo genera más tensión y rechazo. La justicia, en este caso, ha actuado como un freno necesario ante el exceso recaudatorio, recordando que las normas no pueden ser manipuladas a conveniencia para llenar las arcas públicas, y luego vaciarlas en gastos innecesarios y ostentosos. A veces, el afán por obtener más ingresos nos hace olvidar el equilibrio entre lo que es justo y lo que es abusivo.
Comentarios
Publicar un comentario